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«Llamándolos por su nombre», la columna de Gerardo Mosqueda

Llamándolos por su nombre.

Conforme se acercan las fechas de los calendarios electorales en el país, las definiciones y los indicadores corren el riesgo de ser confusos, a menos que se haga el intento de dejar claro la naturaleza y el contenido de los temas políticos que se quieren abordar, quizá una de las relaciones más comunes tiene que ver con las definiciones ideológicas y la eficacia en el cumplimiento de las responsabilidades de gobernar, es decir, eficiencia y congruencia ideológica.

En la ciencia política y la economía es normal que se analicen y se evalúen indicadores duros, contrastándolos con los postulados rectores de la línea  ideológica de quien gobierna, pongamos un caso: la tesis principal de la llamada cuarta transformación: “por el bien de todos, primero los pobres”.

Con datos tomados y procesados por el INEGI el porcentaje de la población cuyo ingreso laboral no alcanza para pagar. La canasta alimentaria disminuyó 24.6% reflejando un impacto positivo en el incremento al salario mínimo, así como de distribución masiva de recursos etiquetados como programas sociales, sin embargo, no son recursos suficientes y el gobierno federal consolida el consumo interno integrando las transferencias gubernamentales y las remesas, sin duda esto se ha traducido en una recuperación del PIB del sector servicios.

También se han registrado incrementos en el número de trabajadores inscritos en el IMSS, en contraste con lo antes dicho, existe el indicador de eficiencia que comunican riesgos y contradicciones estructurales. Generalmente son datos que reflejan falta de crecimiento, y desde luego se pone en riesgo la viabilidad de los propios programas sociales.

Los datos consolidados del INEGI confirman que la economía mexicana está  sufriendo una severa desaceleración con un crecimiento de 0.8%, esto quiere decir que el PIB per cápita del país tiene niveles similares a los de 2017, con lo cual se evidencia que la redistribución no está acompañada de la generación real de nueva riqueza en el país.

Es evidente que para sostener los volúmenes económicos que representan los programas del bienestar y el rescate de Pemex requiere que las finanzas públicas estén operando bajo un déficit presupuestario severo y aunque la Secretaría de Hacienda comunique que está aplicando medidas de contención del gasto para moderar el saldo negativo la realidad es que el saldo histórico de los requerimientos financieros, es decir, la deuda pública representa hoy el máximo histórico de 19 billones de pesos, con lo cual queda por demás comprometido cualquier margen de maniobra fiscal del Estado Mexicano.

Es un dato de contraste que existe una caída en la productividad laboral y mientras los salarios suben por decreto la productividad laboral registra caídas particularmente entre 1 – 1.2% en actividades industriales, es decir, aumentar los salarios sin elevar la productividad, reduce los márgenes de operación de las empresas y por supuesto, dificulta la competitividad a largo plazo.

Quizá uno de los datos más contundentes de una economía en riesgo es que pese a los discursos de justicia social, la informalidad laboral sigue por encima del 55% es decir, más de la mitad de los trabajadores mexicanos, siguen desprotegidos, sin acceso a la seguridad social ni a las pensiones formales o servicios médicos institucionales.

Al momento de contrastar los postulados ideológicos, con los que sostienen sus discursos, en el caso del oficialismo, los discursos de todas las mañanas, la izquierda burocrática de nuestro país, que encabeza la presidente Sheinbaum enfatiza, cada vez que puede, el postulado “por el bien de todos, primero los pobres” y la “austeridad republicana” dan la impresión de que en el primer postulado, no hay como sostener la tesis y en el segundo que compete principalmente a los correligionarios del oficialismo, nadie les hace caso.

En materia de crecimiento e inflación, lo que estamos viviendo es un grave deterioro de la economía y el indicador de crecimiento del PIB de 0.8% produce una contradicción drástica con el discurso de austeridad, el Saldo histórico es cada vez más alto y la decisión de rescatar a Pemex, que sigue siendo la empresa petrolera más endeudada en la historia de la humanidad, está “desangrando” al país.

Comparando con otro país que se autodefine como de izquierda desarrollista y donde su postulado principal es crecimiento con inclusión social, redistribución de la riqueza y estabilidad fiscal; me refiero al caso de Brasil.

Está viviendo una fase de desaceleración productiva y el crecimiento del PIB para este año será del 1.5% al mismo tiempo que la inflación se acelera 5.1%.

Al igual que México, el gobierno de Lula, arrastra un deterioro grave y profundo en las cuentas públicas y, no obstante, el incremento en los ingresos por petróleo, el gasto público expansivo ha disparado el déficit fiscal y también la deuda soberana.

También tiene programas sociales. El impacto es muy fuerte, pero al final el encarecimiento de los alimentos básicos en los últimos meses ha puesto en crisis el poder adquisitivo del 40% de la población más pobre, con lo cual, igual que en México, se está erosionando todo el optimismo social.

Si las referencias fueran al cierre del ejercicio del expresidente de Chile, Gabriel Boric, que se autodefinió como una izquierda progresista; con un postulado de reemplazo del modelo neoliberal, combate a la desigualdad estructural y responsabilidad macroeconómica al cerrar su mandato, en marzo de 2026 su promedio de crecimiento moderado fue de 1.9% del PIB y la inflación anualizada se mantuvo cerca del 4.2%.

Su administración dejó un gobierno con un déficit fiscal de 3.6% y una deuda pública del 41.7 con relación al PIB. Ha logrado sostener los índices de pobreza monetaria a la baja, gracias a reformas salariales y subsidios directos, pero el estancamiento económico del primer semestre de 2026 genera una tasa de desempleo por encima del 9.1%.

He tratado de referenciar, sólo 3 economías de América Latina, una de ellas, la de Chile, que ya provocó un cambio profundo en el perfil del Estado Chileno, con un nuevo gobierno, con una esperanza mayor en el crecimiento económico de su nación, en segundo lugar a un gobierno que está próximo a tener elecciones presidenciales, que parece no tener otro candidato que el propio presidente Lula, que sigue creyendo en que sus formularios de política social, de manejo fiscal, de generación de deuda, y de malos resultados, se siguen pareciendo mucho al oficialismo mexicano actual.

Con un mínimo ajuste en las palabras y tratando de entender que hay enclaves culturales y fórmulas propias de describir los fenómenos, en realidad, estos tres casos pareciera que se hubiesen puesto de acuerdo… quizá esta sea la principal explicación en la mayor parte de los gobiernos de izquierdo de América Latina, han contratado asesores de izquierda españoles, que por cierto han generado todas las alianzas posibles con las diferentes facciones de izquierda, pero como país siguen aportando indicadores semejantes a los narrados de estos tres países de muestra, sólo para evidenciar que no es con fórmulas políticas de izquierda, como se pueda salir del estancamiento económico de cada país.

Me he permitido comparar sólo tres países para no referirme de manera directa a otros, que se encuentran en francas transiciones para liberarse de la izquierda en cualquiera de sus versiones y que ofrezco analizarlo en futuras colaboraciones.

La ruta previsible de gobiernos, con perfiles, postulados, estrategias, tácticas, etc. de izquierda, sólo son muestras de una realidad que es categórica y que no tendríamos que estar discutiendo los postulados políticos y económicos de la izquierda.

En América no han tenido éxito y por desgracia han emigrado rápidamente a modelos de gobierno autócratas que han logrado hacer más daño que beneficio a las naciones y que hoy nadie se equivoca al afirmar que la izquierda contemporánea no sabe gobernar, quizá no le interesa, en alguna otra colaboración, hablaremos de otros factores, igualmente vitales para una nación como la educación, la salud, el desarrollo económico desde luego la
infraestructura.

En el caso de Chile, los ciudadanos han decidido cancelar las alternativas que presentaba el gobierno de izquierda y ya han optado por un gobierno, con visión de desarrollo económico, con conocimiento del desempeño, de su infraestructura, y donde todos sus postulados no tienen que ver con las tesis tradicionales de la izquierda política o económica de su país.

En el caso de Brasil han tenido una agenda innovadora en el discurso político, y no obstante que es un regreso de expresidente Lula, los brasileños han podido comprobar que las tesis de la izquierda progresista con las que ha regresado Lula al poder ya no inspiran confianza, ya no les convocan y podría darse el fenómeno de el triunfo de una nueva generación de políticos en Brasil, alejados de los postulados de izquierda.

El caso de nuestra nación mexicana no tiene ninguna referencia sustantiva que la haga diferente a los modelos de gobierno de izquierda que han fracasado en América Latina, pero el hallazgo que está produciendo en los mexicanos y a diferencia de los dos países que he mencionado en esta colaboración, México no tiene pronóstico de crecimiento económico, cada vez más desestructurada la educación, la salud, la infraestructura y la generación de energía.

Lamentablemente hay un ingrediente corrosivo y que pone en duda la viabilidad de sus estrategias por los altos niveles de corrupción y por todo lo que se dice en todos los medios todos los días: la vinculación entre organizaciones criminales y gobiernos, de manera que el tan importante concepto de soberanía, hoy se encuentra en condiciones críticas porque el gobierno no encuentra como ocultar la corrupción y sus discursos para pedir pruebas y pruebas.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

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