PRUEBA PISA y la nueva escuela mexicana. NEM
El programa para la evaluación internacional de los alumnos, prueba PISA, existe desde el año 2000, es coordinada por la OCDE y se aplica en el mundo, de forma estandarizada, cada tres años a estudiantes de 15 años, tiene una gran diferencia con los exámenes tradicionales, porque no evalúa que tanta información memorizan los jóvenes, sino su capacidad para aplicar conocimientos lógicos, científicos y de lectura a situaciones de la vida real y productiva. También existen otras pruebas que en general se pueden agrupar bajo tres categorías:
1. El estudio internacional de tendencias en matemáticas y ciencias. Se aplica desde 1995 cada cuatro años y mide de forma estandarizada el desempeño de los niños de cuarto de primaria y segundo de secundaria, con un enfoque apegado al currículo escolar.
2. El estudio internacional del progreso en comprensión lectora, creado en 2001, evalúa las
habilidades de comprensión lectora de los niños exclusivamente en cuarto de primaria,
considerado el año crítico donde se transita de aprender a leer a leer para aprender.
3. El estudio internacional sobre docencia y aprendizaje, coordinado también por la OCDE,
evalúa las condiciones laborales, la capacitación y el entorno escolar de los maestros y
directores.
4. El estudio regional comparativo y explicativo, evalúa los aprendizajes de alumnos de tercero y sexto de primaria en América Latina y el Caribe en lectura, escritura y matemáticas. Es una evaluación regional.
Cómo se ve PISA no es el único mecanismo para evaluar, pero sí será consolidado como un examen muy importante debido a que mide el perfil de egreso obligatorio de los jóvenes justo antes de que puedan incorporarse a una fuerza de trabajo técnico o a la educación superior.
La prueba PISA 2025 en México ha quedado fundamentalmente por debajo de los promedios de la OCDE.
Sólo tres de cada 10 alumnos alcanzan el nivel mínimo en matemáticas, hay un rezago
general y el 41.8% de los jóvenes está por debajo del nivel básico en las 3 a evaluadas:
matemáticas, lectura y ciencias.
México ocupa el lugar 37 de los 38 países evaluados.
El Instituto mexicano para la competitividad, IMCO advierte que este rezago educativo frena el desarrollo económico del país, y, por desgracia, incrementa la brecha de perfiles calificados para la industria, dificulta el acceso a empleos mejor remunerados y representa una menor capacidad para enfrentar los avances de la automatización y la evolución digital. Por desgracia es un signo de productividad estancada por deficiencias en el pensamiento lógico y crítico.
Después de ocho años del gobierno autócrata de izquierda, todavía hay quienes siguen
argumentando que los efectos que hoy vivimos son culpa del pasado, es verdad que en México muchas cosas siguen mal, por lo tanto, parece mágico que la culpa la siguen teniendo los gobiernos anteriores y la realidad es que después de ocho años, todos los problemas que vive el país se han exponenciado y son de la cuarta transformación.
Estamos ante una realidad que tomará algunos años en manifestar su impacto negativo, el rezago educativo frena el desarrollo económico del país, principalmente al estancar la productividad laboral y limitar la atracción de inversiones de alto valor; cuando el sistema educativo no desarrolla competencias básicas en matemáticas, ciencia y lectura se genera un efecto dominó que afecta toda la economía de mediano y largo plazo, y este impacto se localiza fundamentalmente en cuatro ejes económicos:
1. Desconexión con la relocalización y la inversión extranjera. Las empresas trasnacionales que puedan llegar a México estarán buscando ingenieros, técnicos y administradores con alta capacidad de análisis y resolución de problemas; al no encontrar suficiente talento local calificado las inversiones tecnológicas complejas podrían estar ubicándose en otras naciones, aunque puedan dejar en México empleos de manufactura básica y también de bajo valor agregado.
2. El estancamiento de la productividad y el producto interno bruto PIB proviene principalmente de una mano de obra menos eficiente, es decir, trabajadores con dificultades en el pensamiento lógico y la comprensión lectora tardan más en adaptarse a nuevas tecnologías y nuevos procesos, por lo que la falta de habilidades científicas y matemáticas, reduce drásticamente la creación de patentes, nuevos modelos de negocio y desarrollo tecnológico propio, que serían en todo caso auténticos motores del crecimiento del producto interno bruto.
3. Genera un fenómeno de crecimiento de la informalidad laboral y bajo salarios. Cuando hay jóvenes que salen del sistema escolar sin competencias básicas tienen muchas más
dificultades para integrarse al mercado laboral formal por lo que la tendencia a crecer el sector informal o los empleos de baja remuneración no generan impuestos para el Estado, pero tampoco ofrecen seguridad social y esto debilita las finanzas públicas.
4. Existe una mayor carga financiera para el Estado, porque el gobierno debe de destinar más dinero a programas sociales, de subsidio a la asistencia social para disminuir la pobreza, en lugar de invertir ese dinero en infraestructura, en salud o en conectividad, con lo cual se genera un mayor retorno económico.
Existen algunos indicadores de inversión que formalizan cualquier análisis y dejan de lado posiciones ideológicas o discursos políticos, que en la práctica no solamente no resuelven los problemas de fondo, sino que polarizan a la sociedad, como si tuviese una prioridad en fortalecer una postura ideológica y no el bien común de la sociedad en una materia hipersensible con efectos negativos, tanto en el corto como en el largo plazo, como es el tema educativo.
El gobierno de México informa que ha destinado una inversión histórica enfocada a la mejora física de las aulas y centralizando gran parte de los recursos en subsidios directos a las comunidades escolares; es decir, ha destinado casi 59,000 millones de pesos a la infraestructura educativa en el país.
El sistema educativo nacional no tiene un número exacto de planteles educativos, pero podrían ser números cercanos a 264,500 centros educativos, distribuidos en tres niveles de educación, de los cuales por supuesto la gran mayoría corresponden educación básica y el programa federal de mejoramiento cubre de forma directa poco más de 73,000 planteles sin embargo hay una gran asimetría regional entre el norte y el sur del país con un dramático rezago en el mantenimiento básico de los planteles educativos.
La mayoría con graves deficiencias de infraestructura básica. El 30% de las escuelas públicas a nivel nacional carecen de Agua potable de forma continua y también deficiencias graves en el suministro de electricidad.
Algunos planteles de las zonas del centro del país y regiones cercanas a la Ciudad de México, Puebla, Morelos o el Estado de México siguen teniendo planteles con debilidades estructurales acumuladas por sismos que aún requieren construcción o mantenimiento correctivo profundo.
A nivel nacional más de la mitad de las escuelas públicas no tienen acceso regular a Internet ni salas de cómputo funcionales para los alumnos, de tal manera que, si en verdad al gobierno le preocupara el tema del derecho de las audiencias y el uso de pantallas en la educación básica, pues podrían pensar más en rehabilitar la infraestructura en vez de ocupar el tiempo en discursos inútiles todas las mañanas.
El panorama educativo para los próximos cinco años estará marcado por tendencias y retos que tienen que ver con nuevas realidades, que se están configurando a gran velocidad:
1. La transición demográfica y una evidente contracción de matrícula. Nuestro país ya se
encuentra en un periodo donde la población infantil disminuye. Los datos oficiales ya muestran bajas anuales de más de 280,000 alumnos en educación básica, por lo tanto, el reto de los próximos cinco años no será construir miles de escuelas nuevas, sino rehabilitar y modernizar las ya existentes.
2. En contraste, la demanda de lugares en preparatoria y universidades públicas seguirá
teniendo un incremento y aunque el gobierno federal proyecte la creación de 200,000 nuevos lugares en el nivel medio superior con nuevos planteles hay una presión objetiva a mover el recurso presupuestal hacia la infraestructura de estos nuevos sectores educativos que están como en un “cuello de botella”.
3. Es un reto, la relocalización frente al presupuesto descentralizado, el modelo de construcción actual prioriza dar el dinero directamente a comité de padres de familia, para solucionar problemas básicos como bardas, techos, pintura y, sin embargo, las industrias y la alta tecnología demandan laboratorios de ciencias, talleres, espacios técnicos avanzados,
conectividad de alta velocidad. No tarda que suba la presión del sector productivo para
cambiar las prioridades de inversión hacia infraestructura científica y tecnológica… Si se
quiere trabajar en capitalizar la relocalización de las empresas.
Sin embargo, no todo es un razonamiento de aspectos cuantitativos, aunque al final del día los procesos se tienen que cuantificar hay ingredientes de una estrategia educativa que son
fundamentales como el proceso de formación de los maestros; en nuestro país, estamos viviendo una transición profunda guiada por los lineamientos de la nueva escuela mexicana NEM donde el sistema busca equilibrar la teoría pedagógica con las demandas de un entorno social y económico cambiante…
Las posibilidades de mejora en la oferta educativa para los próximos años tienen muchas variantes, pero hay una asignatura crítica: la formación continua de los maestros mexicanos.
Si la Secretaría de educación pública deja de centrarse exclusivamente en la teoría política-pedagógica y se propone formar a los profesores en herramientas, prácticas de comprensión lectora, de pensamiento científico y de habilidades digitales básicas, podríamos estar con cierta esperanza en el futuro inmediato del sistema educativo.
Estamos ante una realidad que no solamente afecta al proceso educativo.
La nueva escuela mexicana es un modelo de ideologización que carece de mecanismos de evaluación y que, ante la ausencia de un sistema de evaluación, lo único que ha provocado es una gran polarización y un debate técnico en donde se evidencia la ausencia de un sistema de evaluación estandarizado, elemento en el que coinciden especialistas, centros de investigación y organismos internacionales: lo que no se mide, difícilmente se puede mejorar.
Desde la óptica del diseño actual de la Secretaría de educación pública, el modelo como ellos le llama no carece de evaluación, sino que sustituyó la evaluación “dativa” dar una calificación numérica basada en exámenes estandarizados por una evaluación formativa… y su argumento oficial es que los exámenes estigmatizan a las escuelas rezagadas, fomentan la memorización a corto plazo y no reflejan el contexto social de comunidades rurales o marginadas.
Dicen los autores de la nueva escuela mexicana que se busca evaluar el proceso y no el resultado y que espera que el docente observe como el alumno, resuelve problemas comunitarios, a través de proyectos, autoevaluación y o evaluaciones diarias… lo que usted quiera entender.
Por otro lado, especialistas en política educativa y organismos como el IMCO y la OCDE coinciden en que la falta de un termómetro objetivo está generando severas complicaciones para el progreso del país:
1. Sin pruebas estandarizadas, el Estado, pierde la capacidad de saber qué instituciones, en qué ciudades, se están quedando atrás en la comprensión lectora o en las matemáticas básicas, y por supuesto, se genera una gran dificultad en la asignación eficiente de presupuestos hacia donde más se necesita.
2. Al descentralizar la evaluación y dejarla a criterio de cada docente y su contexto, la brecha entre la escuela con recursos y conectividad y una escuela sin recursos tiende a ensancharse porque no existe un estándar mínimo nacional que garantice que todos los niños del país entiendan lo mismo.
3. La eliminación del Instituto nacional para la evaluación de la educación INEE y la transición hacia la comisión nacional para la mejora continua de la educación, eliminó la existencia de auditorías pedagógicas independientes y rigurosas.
La nueva escuela mexicana construyó un discurso dialéctico, que se concluye en la idea de que la evaluación formativa consiste en evaluar el proceso no evaluar el resultado.
Por más necio que parezca esta afirmación, estamos ante una polémica que no es resultado de profundizar, sino el resultado de la ignorancia e ineficiencia, por lo que nos encontramos ante una contradicción metodológica más profunda que el propio modelo de la nueva escuela mexicana, si no definimos un destino claro de la educación, es ocioso suponer que el camino que elegiste es el correcto.
Evolucionamos hacia la pérdida de una meta común donde no quedan claros los aprendizajes y los destinos de una escuela pueden ser completamente diferentes a los de otra latitud, en otra parte del país y si las metas son distintas, entonces cómo se puede medir el avance, pues sólo con la subjetividad de “vamos bien”… como cuando escuchamos a la presidenta de nuestro país trivializar el resultado de la prueba PISA ante la incapacidad de dar explicaciones acerca del fracaso del modelo educativo, en el que han sumergido a las nuevas generaciones de nuestra nación.
Hay algunos estados del país, cuatro en particular, que han decidido financiar y aplicar recursos propios para pruebas diagnósticas y estandarización de aprendizaje para la educación básica y la media superior; son los casos de nuevo León, Querétaro, Jalisco y Guanajuato; entidades vinculadas al desarrollo industrial y tecnológico, que entendieron que no se pueden quedar a ciegas en las evaluaciones educativas.
En el caso del sector privado, México está enfrentando un reto doble, especialmente tras las recientes normativas de la suprema corte de justicia, que prohíbe esquemas de reprobación automática, basándose únicamente en criterios administrativos tradicionales, para mantener sus estándares de calidad sin violar las leyes de la SEP. Se está recurriendo a certificaciones y evaluaciones externas, además del gran beneficio que trae el principio simple y llano de evaluar para mejorar.
El gobierno mexicano ha propiciado que se agudice profundamente la desigualdad en el país y que el impacto que tiene el rezago en la educación traiga un efecto multiplicador de indicadores del deterioro tanto del sistema educativo, como su impacto económico.
¿Cuánto más tiempo tardará este daño generacional? Los expertos dicen que entre 6 y 10 años.
Pero aún estamos a tiempo de reconocer que el modelo de la nueva escuela mexicana es resultado de una improvisación ideológica y de una incapacidad profesional para resolver las necesidades educativas de la nación.
Es indispensable restablecer un modelo de evaluación nacional, estandarizado e independiente para poder crear nuevos mecanismos de evaluación que reemplacen el vacío técnico que ha producido la nueva escuela mexicana y nunca será tarde para retomar criterios pedagógicos claros y lineamientos técnicos prioritarios que tengan que ver con indicadores de evaluación, cuantitativas y cualitativas para acercarnos a los modelos de países competitivos en el mundo, y entonces poder vincular los perfiles escolares con los mercados laborales, poniendo el foco en el talento de las nuevas generaciones y su capacidad de dominar las nuevas herramientas de desempeño productivo.
Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

