Las transformaciones de los partidos… (P.1)
Los cambios en las dirigencias de los partidos de cara a las elecciones intermedias están dejando cualquier cantidad de suspicacias en la opinión pública y también dejan ver que la lucha por el poder desde los partidos políticos tiene muchas asignaturas pendientes, especialmente las que se refieren a identificar las motivaciones de la sociedad mexicana después de vivir la experiencia de indicadores que dan razón del peor sexenio del México moderno.
La cuarta transformación ha sido indigesta hasta para los propios miembros de las tribus con las que se conformó la primera alianza que permitiría arrebatar el poder político, precisamente argumentando la opacidad del viejo sistema y generando un discurso de esperanza, acompañado de una estrategia de dádivas económicas a través de políticas públicas relacionadas con la ilusión de bienestar de millones de mexicanos.
Pasado siete años y fracción, lo que ha ocupado los primeros espacios de la reflexión política a las tribus del actual gobierno, con los aliados, militantes de partidos que comparten el poder legislativo y también militantes de la oposición que no han tenido empacho cuestionar sus propios principios para olvidarse de la doctrina, y también jugar en el pragmatismo de los instrumentos de conquista del poder, hoy vemos reacomodos, tensión, crisis, dificultades objetivas para comprender la relación aún entre ellos mismos.
No obstante, los grupos políticos en el poder han logrado ocupar todas las posiciones que podían haberles hecho contrapeso a quienes llevan la agenda del régimen mexicano y, sin embargo, todos los grupos políticos se han confrontado con la realidad.
Hoy los cambios en el partido morena representan un punto de inflexión en la relación entre el partido y el poder ejecutivo de la nación, marcando lo que muchos analistas consideran la conclusión de la sana distancia, que, al parecer la presidente Sheinbaum quiso mantener tras su toma de posesión.
El movimiento más significativo hasta hoy es la muy anunciada salida de la presidenta de morena Luisa María alcalde, quien como en los libretos de las tragicomedias, negó enfáticamente que se iba de su cargo como presidenta del partido; a todos los que manejaron la versión de su salida los descalificó igual que a cuanto analista se tomó el tiempo para reflexionar sobre su salida, pero en realidad tuvo que dejar la presidencia de su partido y tuvo que asumir la nueva encomienda.
Es decir, ahora es responsable de los asuntos jurídicos de la presidencia de la República.
Al salir Estela Damián de la consejería jurídica que ya estará tomando posesión de la candidatura por morena al Estado de Guerrero, con toda la rabia de Salgado Macedonio y su grupo político, tiene que entrar en su relevo, nada menos que la presidenta del partido, y está siendo fichada para el equipo de la presidenta Sheinbaum.
En realidad, lo que hace es liberar el espacio para que desde palacio parezca que se maneja la agenda, la estrategia, el objetivo político del proceso electoral, para el cual la presidente Sheinbaum había mandado hacer a los duros de la izquierda progresista de nuestro país un plan A y un plan B, y ninguno de los dos le funcionaron.
La presidenta de México ha decidido tomar las riendas de la estructura interna del partido de cara a las elecciones intermedias y esta intervención está interpretándose como un movimiento para evitar más fracturas internas y tratar de asegurarse que morena llegue a la contienda electoral, con los candidatos alineados a los proyectos del gobierno.
Da la impresión de que la intervención de la presidenta en la agenda de morena sirve para poner fin a las disputas internas entre las tribus y tratar de replantear lineamientos de unidad en el movimiento… difícil imaginarse que esto vaya a suceder.
Por lo pronto la semana empezará con los relevos en la diligencia, del modo que sea elegirán que Ariadna Montiel ocupe la titularidad del partido y quede claramente asociado que el eje estratégico más importante para el partido oficial será la operación territorial a partir del control de los beneficiarios de los programas de todas las edades, con los cuales se distribuyen miles de millones de pesos cada bimestre y podrían estar trabajando más bien en un ejercicio de continuidad operativa desde las estructuras de morena, es decir, estamos viendo el nacimiento de un movimiento presidencialista.
Esta fase crítica de definiciones, empezando por la salida de Luisa María Alcalde, ha tomado la forma de un proceso de sucesión acelerado que por un lado busca consolidar el mando de la presidenta de México sobre la estructura de su partido, es decir, la estrategia empieza por consolidar el poder territorial a partir del nombramiento de Ariadna Montiel Reyes, su perfil es valorado por su manejo de los programas sociales, lo que le otorga a ella un activo clave que es la cercanía con la base social y el control sobre la estructura de movilización nacional; la llegada de Montiel puede interpretarse como una señal de orden político, instruida por la presidenta Sheinbaum para centralizar el poder desde antes del proceso de la elecciones intermedias.
Mientras Alcalde se acomoda en el despacho jurídico de la presidencia y los que estaban alineados atrás de ella esperando el visto bueno para buscar posiciones electorales dentro de morena y reacomodos hegemónicos de las tribus dentro del proceso, el tema de las alianzas y su impacto en el proceso electoral intermedio entra en una fase de confusión: aunque las dirigencias de morena, del PT y el PVEM, firmaron un convenio para ratificar su unidad rumbo a la elección intermedia, su relación se ha vuelto tensa y confusa, por decirlo menos.
El partido verde en la Ciudad de México anunció el 14 de abril, una posible ruptura para competir en solitario en el 2027. Por lo pronto, en San Luis Potosí ya ha perfilado ir solo por la gobernatura del Estado; la negativa de los aliados de morena para apoyar la reforma electoral de Sheinbaum ha generado un costo político interno, provocando que sectores de morena presionen para romper la coalición al considerarla tóxica o innecesaria; si pueden ganar por cuenta propia.
El dirigente del partido verde ha comenzado por exigir encabezar al menos 5 de las 17 candidaturas a las gobernaturas del 2027, situación que ha elevado la fricción con la dirigencia morenista que por supuesto prefiere el método de encuestas abiertas.
La nueva diligencia de morena, por tanto, tiene que atender, en primer lugar, como disciplinar a los aliados o preparar a su partido para competir sin ellos en estados clave, asegurando que la agenda legislativa de la presidenta no depende de negociaciones al gusto del partido del trabajo y del partido verde; por lo pronto existe una fractura evidente entre morena y el verde, especialmente en estados, donde el verde tiene un bastión propio o busca expandirse.
San Luis Potosí es el epicentro de un conflicto, ya que es el único estado gobernado por el partido verde y donde se niega a ceder la candidatura a morena; la favorita del verde es la senadora Ruth González Silva, esposa del actual gobernador, Ricardo Gallardos, lidera ampliamente las preferencias internas del verde y algunas encuestas señalan que ella ganaría la elección incluso si el verde compite solo, por otro lado, la carta de morena, la favorita de las bases morenistas es la actual secretaria de gobernación, Rosa Icela Rodríguez, quien cerraría la brecha en un escenario de coalición, pero también enfrentaría una contienda muy cerrada si el voto se divide y por si hiciera falta en algunas encuestas, indican que si morena y el verde van por separado el partido acción nacional con candidatos como Enrique Galindo podría recuperar el Estado debido a la división del
voto oficialista.
Hasta la próximo en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

