La realidad y las mentiras, los silencios.
Es comprensible la frustración que muchos mexicanos manifiestan cuando se escucha a las autoridades del poder ejecutivo, hablando de los indicadores macroeconómicos y en particular de la interpretación que hacen de las cifras económicas, que se han convertido en uno de los principales focos de polarización, ya que suelen presentarse de maneras radicalmente distintas.
El gobierno destaca variables muy específicas para tratar de explicar estabilidad económica y éxito, aunque continuamente omiten el contexto, por ejemplo: cuando se habla del tipo de cambio, se suele hablar de la fortaleza del peso como una prueba máxima de salud económica, cuando en realidad depende en gran medida de factores externos, como las tasas de interés que establece el banco de México y la debilidad del dólar.
En voz del gobierno, festejan indicadores récord en la llegada de dólares de los migrantes, como si fuera un logro de la administración federal, cuando técnicamente lo que reflejan en primer lugar es la falta de oportunidades internas que, entre otras cosas, fue lo que obligó a estos mexicanos a irse del país.
El salario mínimo… todos los voceros del oficialismo resumen su aumento constante como un éxito social, pero no enfatizan como la inflación diluye el poder adquisitivo real en el mercado, pero menos reconocen que esos ajustes al salario mínimo son en realidad el resultado de la dinámica de trabajo entre los dueños de las empresas y sus trabajadores y gracias a su buena relación logran modificar sus indicadores económicos internos para producir mejores condiciones laborales y de sus entornos.
No cabe duda de que tanto los economistas independientes, como los organismos técnicos ponen el foco en las cifras que el discurso oficial no quiere profundizar:
1. La inversión fija bruta. El motor a largo plazo de un país está frenado por la incertidumbre jurídica y la falta de confianza en sectores claves como la energía.
2. El crecimiento del PIB per cápita, aunque el PIB total muestre ligeros avances al dividirlo por el número de habitantes, el progreso es casi nulo o inclusive en vías de retroceso.
3. La deuda pública y el déficit fiscal. Para mantener los programas sociales y las obras insignia de los gobiernos de la cuarta transformación de primero y de segundo piso, el gobierno ha elevado, el endeudamiento a niveles que comprometen las finanzas de la nación por los próximos 20 o 30 años, es decir, los más de 19 billones de pesos en deuda han reducido cualquier margen de maniobra económica o financiera.
Estamos ante un acontecimiento donde el impacto en la polarización social es el verdadero peligro de estar manejando irresponsablemente datos que terminan destruyendo el terreno común del debate público, es decir, se debate con dogmas, no con datos; cuando el gobierno califica cualquier crítica técnica, como un ataque político de la oposición, en realidad, lo que está haciendo es invalidar los argumentos de los expertos.
Entonces hay una división entre los ciudadanos, porque una parte de la población percibe un bienestar directo a través de los apoyos económicos en efectivo, mientras que otra parte ve con alarma el deterioro de los servicios públicos, especialmente los que tienen que ver con la salud, la educación y la infraestructura, con lo cual se están creando dos realidades paralelas imposibles de conciliar.
Un mínimo esfuerzo de objetividad permite que logremos ver una economía diaria, es decir, el costo de la canasta básica, del empleo formal y la seguridad, como los indicadores más honestos, más allá de lo que se afirme en el programa propagandístico del gobierno de la República.
Nuestros indicadores económicos son cada día más frágiles, pero el gobierno maneja las cifras tratando de comunicar que el país va bien y de pronto ha dejado de hablar de los indicadores económicos y las negociaciones del Tratado de Libre Comercio situación que me parece cada vez más preocupante porque podemos tener muchas interpretaciones, pero la objetividad de los datos sólo permite saber el rumbo de la economía mexicana y al mismo tiempo, encontrarnos con el silencio gubernamental en los temas críticos, por lo que toda la fundamentación de la realidad financiera del país entra en materia de dudas.
Pero lo que es inconfundible es que el panorama económico actual está marcado por una debilidad estructural, disimulada por eventos pasajeros y un estancamiento histórico en las negociaciones comerciales específicamente con Estados Unidos y Canadá.
El Inegi reportó un sorpresivo repunte del producto interno bruto (PIB) del 2.1% anual, los analistas independientes, tanto como firmas financieras advierten, que se trata de un espejismo temporal y que tiene que ver fundamentalmente con algunos factores económicos recientes:
1. El efecto copa mundial de fútbol, el crecimiento económico, pero sobre todo la expectativa de crecimiento estuvo fuertemente impulsada por el sector servicios y el turismo, debido a una derrama económica extraordinaria derivada del campeonato, que también fue celebrado parcialmente en nuestro país; aunque no fueron las cifras pronosticadas ni prometidas, hay un impacto.
2. La contracción subyacente previo a este repunte, la economía mexicana tuvo un pésimo arranque con una caída trimestral del -0.6%, las industrias manufactureras ya tienen acumulado casi dos años consecutivos en terrenos de contracción económica.
3. El ajuste de la calificación de riesgo en el mes de mayo, las agencias internacionales como S &P o Global Ratings, modificaron su expectativa crediticia de México; de estable, a negativa, advirtiendo sobre un bajo crecimiento persistente y los riesgos de la deuda pública para sostener programas sociales.
4. En la materia de negociación sobre el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Hoy conocido como T- MEC, el gobierno mexicano ha disminuido drásticamente hablar sobre el tratado en mención, porque las negociaciones entraron a una etapa de alta tensión y de incertidumbre.
5. Washington no firmó la continuidad del tratado, decidió la administración estadounidense no renovar el T-MEC por los 16 años, como estaría previsto en forma automática y como lo buscaba el gobierno de México, al no suceder esto, se activa en automático, una cláusula que obliga a los tres países a iniciar procesos de negociación cada año.
6. La última ronda de negociaciones en la Ciudad de México hace unos días liderada por el secretario de economía, Marcelo Ebrard y el representante de Estados Unidos. Jamieson Greer concluyó sin acuerdos de fondo.
7. Estados Unidos está condicionando el tratado a reglas de origen automotriz, mucho más estrictas y ha puesto sobre la mesa la imposición de aranceles punitivos de 25% al 50% en sectores como el acero y el aluminio. Si México no frena la triangulación de productos provenientes de Asia, en específico de China.
Los discursos oficiales prefieren centrarse en la narrativa de los apoyos sociales directos por una razón simple; las variables macroeconómicas del país no son favorables para la inversión a largo plazo.
El proceso de la relocalización de empresas está prácticamente congelado y más del 40% de las inversiones anunciadas en los últimos años no han iniciado construcciones físicas. La principal razón es la falta de certeza jurídica, la escasez de energía limpia y el temor a las reglas comerciales que dicte el gobierno de Estados Unidos.
En los escenarios de los economistas de nuestro país, existe el pronóstico de que las negociaciones comerciales serán prolongadas de manera hostil. La parálisis informativa es una estrategia para administrar la incertidumbre de los mercados, y con ello evitar una devaluación del peso antes de qué se reanuden las mesas de diálogo en Washington.
El entorno es de desaceleración y de alta incertidumbre regulatoria, los empresarios, los inversionistas y los fundadores de startups en México mal harían en esperar con los brazos cruzados para ver si las políticas públicas cambian, eso no va a suceder y es necesario navegar con éxito en el escenario económico y proteger el capital.
Por lo mismo, las acciones estratégicas deben ser diferenciadas, aunque en todos los casos, el enfoque principal debe ser la eficiencia extrema y la protección del flujo de caja:
1. Optimizando la liquidez. Reduciendo costos fijos no esenciales, renegociando, contratos con proveedores y manteniendo líneas de crédito abiertas, pero sin utilizar, salvo que se consideren como fondos de emergencia.
2. Diversificar mercados, no depender exclusivamente del mercado interno mexicano es indispensable explorar la exportación directa o indirecta hacia centro y Sudamérica y por supuesto el mercado hispano en Estados Unidos, lo cual permitiría la captación de divisas.
3. Automatizar procesos es indispensable estar en condiciones de invertir en tecnologías de bajo costo que aumenten la productividad interna, sin necesidad de incrementar drásticamente la plantilla laboral.
4. El Banco de México mantiene tasas de interés atractivas; los instrumentos de deuda soberana a corto plazo siguen siendo un apoyo seguro para mantener la liquidez y tener un rendimiento aceptable.
5. Es conveniente mantener una parte del portafolio en activos denominados en dólares, ya sean acciones globales, fondos indexados o bienes raíces en el extranjero, como una cobertura importante, ante la volatilidad del peso por las tensiones derivadas del Tratado de Libre Comercio.
6. Buscar oportunidades en los sectores de consumo básico, salud o infraestructura logística local, que suelen resistir mejor las contracciones económicas.
7. El ecosistema emprendedor conviene que se olvide, por lo pronto de la era del “crecimiento a toda costa” y enfocarse a la rentabilidad inmediata diseñando modelos de negocio para alcanzar el punto de equilibrio lo antes posible.
8. Buscar fondos de capital de riesgo en Estados Unidos en Europa o en Asia, que tengan tesis de inversión enfocadas en mercados emergentes.
9. Resolver problemas con eficiencia industrial, hoy las startups más atractivos, ofrecen soluciones de software o automatización que ayudan a las industrias tradicionales a recortar gastos y por lo tanto ser más productivas.
Cuando la economía de una nación se debilita, la primera línea de defensa del país es la economía doméstica, la economía familiar. En realidad, las amas de casa son quienes administran el tejido social y el consumo del hogar, mientras que las MiPymes generan más del 70% del empleo formal en nuestra nación y representan el 99% de las unidades económicas.
Ante el panorama actual de parálisis y alza de precios, se requieren acciones relevantes para proteger la economía familiar y los puestos de trabajo, por lo tanto, se necesita trabajar en economías de sustitución para reemplazar marcas comerciales tradicionales por marcas libres o genéricas y sustituir proteínas caras por opciones más económicas.
Ya se están dando fenómenos de compras consolidadas, organizándose entre vecinos o familiares para directamente ir a las centrales de abasto o mercados locales por volumen y reducir los costos por kilo.
También es importante eliminar el gasto hormiga y las deudas caras, cancelando suscripciones innecesarias, reduciendo comidas fuera de casa, y evitando a toda costa el uso de tarjetas de crédito para pagar el supermercado, ya que sus tasas de interés son muy altas. Los micronegocios dependen absolutamente de su flujo de efectivo para pagar la nómina y para resurtir sus mercancías.
Es importante que estén en condiciones de adoptar cobros digitales para no verse en el riesgo de perder ventas ante la falta de efectivo implementando cobro-móviles de bajo costo y cobros por transferencia.
También hace falta proteger los ingresos del negocio y evitar despidos de personal extremo. Muchas familias están asumiendo más turnos y tareas operativas, manteniendo el dinero dentro de los núcleos familiares.
No hace falta acumular mercancías en bodega que tarde meses en venderse, es necesario comprar sólo lo que se venderá en corto plazo, quizá en la misma semana para mantener el dinero en constante movimiento.
Las pymes están enfrentando el reto de mantener el empleo formal frente a una carga fiscal agobiante y costos de operación al alza. Es una excelente idea, crear redes con otras pymes locales para intercambiar servicios o productos en lugar de pagar con efectivo, por ejemplo, una empresa de software que diseña la página web de una comercializadora a cambio de insumos de Oficina.
En lugar de buscar créditos bancarios caros, las pymes están negociando plazos de pago más amplios con sus proveedores para no asfixiar su caja chica mientras cobran a sus propios clientes.
Trabajar en la formación del personal en múltiples áreas, en lugar de contratar personal nuevo, ayuda a cuidar a los empleados leales y es prioritario, ya que la rotación de personal y las liquidaciones generan gastos imprevistos normalmente muy pesados en tiempos de presión económica como los que estamos viviendo.
Tiempo de tomar decisiones que se derivan de la objetividad con la que el gobierno mexicano está manejando nuestra economía…
Hasta la próxima en PROSPECTIVA. J. Gerardo Mosqueda M.


