NUESTROS ADULTOS MAYORES, CRISIS DE SOLEDAD
Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz
Quiero referirme a la etapa de la pandemia COVID 19, un día nos juntamos un grupo de amigos en una carnita asada y decidimos hacera algo, había muchos adultos mayores que no podían salir de sus casas, se los teníamos prohibido como sociedad, por su seguridad, por su vida; pero al no poder salir batallaban para allegarse hasta de lo más básico. Hicimos una vaquita y empezamos a buscarlos para ver como apoyarlos.
El proyecto “Cruzadas de Esperanza”, con Alfredo, Mary, Sol, Vero, Raul, Lupita, nuestro querido Padre Efren Q.E.P.D. y nuestro Obispo Don Enrique Diaz, creció con la generosidad de ellos y de muchos más amigos que se decidieron a apoyar, esa experiencia nos permitió darnos cuenta de una realidad, que si bien, se mostró mas claramente durante la pandemia, hoy subsiste como una crisis de soledad.
Algunos datos para dimensionar
El año pasado 76 mil 020 personas murieron solas en su casa en Japón; a muchas no las encontraron hasta días después, a unas 4,000 más de un mes después, a 130 más de un año después, lo llaman Kodokushi, muerte en soledad.
Este fenómeno dejó de ser una rareza para convertirse en una estadística nacional que el estado publica cada año. No es una historia sobre ancianos japoneses, es una historia que se repite en todo el mundo.
A escala mundial, alrededor de 1 de cada 7 viviendas ahora mismo está ocupada por una sola persona. En los países nórdicos son 4 o 5 de cada 10. Suecia, por ejemplo, ronda el 40% de los hogares y su capital Estocolmo, supera la mitad. En Estados Unidos vive solo cerca del 28% de los hogares, el doble que hace medio siglo. Japón ya está en torno al 38% y su propia estadística proyecta que para 2050 será un 44.3%. En España, hoy viven solas 5.5 millones de personas; en 2039 uno de cada tres hogares será de una sola persona
En casi todos los países desarrollados el hogar que más crece no es la familia con hijos ni la pareja sin ellos; es la persona que vive sola.
Esto se da por dos fenómenos, o por la decisión de personas a vivir desde jóvenes solas, o la otra, los adultos mayores que se han quedado solos, muchas veces en calidad de abandono, y este es el tema que hoy nos mueve.
El primero lo abordaremos en otra entrega pues es una realidad que estamos construyendo entre todos, y que tarde o temprano nos va a alcanzar
Si bien, en una entrega pasada abordamos la necesidad de atender a los adultos mayores en casa, ahora hablaremos de esos adultos mayores que viven en nuestra comunidad.
En nuestras ciudades, miles de adultos mayores pasan días enteros sin escuchar una voz humana, sin recibir una caricia y sin que nadie les pregunte cómo se sienten.
Ahora, es importante mostrar a nuestros hijos que la marginación de nuestros adultos mayores no es un hecho inevitable, sino una deformación cultural. La soledad de los ancianos es una herida en el corazón de la familia y de la sociedad.
Seguramente si volteas ver en tu colonia, tu vecindario o tus amistades podrás identificar una casa donde vive un adulto mayor que vive solo y que rara vez recibe visitas.
Cuando un niño o adolescente dedica tiempo a un anciano abandonado o con deterioro cognitivo, experimenta el amor de gratuidad, dar sin esperar nada a cambio
El contacto frecuente y generoso con adultos mayores, especialmente aquellos que sufren soledad, es un terreno fértil para el cultivo de las virtudes tanto en hijos como en padres.
Esta experiencia les abre la posibilidad de desarrollar virtudes para ser mejores personas, pero además el contacto con los adultos mayores es tener la oportunidad de encontrar un tesoro, una perla preciosa, una fuerte de sabiduría, que como lo dijo el Rey Salomón, es el valor más importante para la salvación del alma.
Los adultos mayores son el puente entre el pasado y el futuro; cuando un niño escucha a un anciano contar cómo superó una crisis económica, cómo conoció a su esposa o cómo vivió momentos históricos, el niño comprende que forma parte de una historia más grande. Esta pertenencia le otorga seguridad emocional y madurez espiritual.
Los ancianos han filtrado la vida. Ellos saben qué batallas valieron la pena y cuáles fueron una pérdida de tiempo. Nos enseñan que el dinero se va, la belleza física se transforma, pero el amor entregado y la paz de la conciencia permanecen.
Existen y han existido sociedades que comprenden el valor divino de la vejez.
En muchas comunidades africanas se dice que “un anciano que muere es una biblioteca que se quema”. El anciano no es una persona relegada, sino el Consejo Supremo de la comunidad. Las decisiones importantes no se toman sin la bendición y el discernimiento de los más ancianos.
La ancianidad contiene una gracia y un misterio, una bendición que hay que redescubrir y valorar.
¿Hay un abuelo o abuela en la propia familia extendida que viva solo?.
¿Hay un vecino mayor en la cuadra o edificio que rara vez recibe visitas?.
Ahí hay una oportunidad; dependiendo la edad de nuestros hijos, hay diferentes acciones que se puede realizar. Van algunas ideas que se pueden lleva a cabo en apoyo de ese anciano que tenemos identificado o con ese que nos encontramos en el día a día.
- Visítelo con sus hijos, platiquen con él y conozcan sus necesidades
- Pida a sus hijos que hagan dibujos o manualidades para regalar a ancianos de un asilo o a un vecino solo.
- Visiten a un anciano y pídanle que les cuente cómo era la vida cuando tenía la edad de sus hijos.
- Ayúdenle a regar sus plantas
- Llevarle el pan por la mañana
- Limpiar su jardín o barrer el frente de su casa.
- Enseñarlo a usar el celular, realizar una videollamada con sus seres queridos
- Enseñarle a buscar música de su juventud en internet.
- Realizar una entrevista en vídeo o audio donde cuente su historia y regalárselo.
- Organizarse con amigos una jornada para pintar una habitación, arreglar una fuga sencilla o limpiar la casa de un anciano solo.
- Como familia checa si hay prendas que puedan donar a algún asilo o a ancianos solos.
- Haz una colecta y llévenle algo de despensa.
- Hacer algo de comer y compartir con ese anciano solo
- Ayúdenle con algún trámite que tenga pendiente
- Saludarlo en la calle
- Enseñarles a nuestros hijos a cederles el paso o el asiento en el transporte
- Ayudarlo a cruzar la calle
¿Qué otra idea tú nos puedes compartir?
La forma en que tratemos a los ancianos hoy es la lección espiritual más potente que daremos a nuestros hijos. Un día, el tiempo habrá pasado para nosotros; las fuerzas mermarán, el cabello se tornará blanco y nos encontraremos en el atardecer de la vida.
Si hoy enseñamos a nuestros hijos a ignorar a los viejos, no nos sorprendamos si mañana ellos nos aplican la misma lógica utilitarista. Pero si hoy sembramos en sus almas el respeto reverente, la ternura y la devoción hacia los ancianos, no solo estaremos preparando a la sociedad para ser más humana y cristiana, sino que estaremos educando a hijos con almas nobles, capaces de amar en plenitud.
Esta es otra oportunidad para esta etapa de vacaciones.
Nos vemos en la próxima entrega y si crees que a alguien le puede ser de utilidad compártelo.


