“LAS TRANSICIONES Y EL REGRESO A CLASES”
Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz
El pequeño Diego sostenía la mano de su mamá con la fuerza de quien se aferra a la última tabla de un naufragio, basta recordar a Jack, en la película “Titanic”… Frente a él, el inmenso portón de hierro de la escuela primaria lucía imponente, frío, amenazante, sentía que casi se le venía encima.
A sus siete años, Diego no estaba simplemente cambiando de escuela; estaba dejando atrás la calidez de su maestra de preescolar, esa maestra que lo abrazaba al llegar y que lo despedía con un beso al final de la jornada, dejaba también la cercanía de sus tres mejores amigos que ahora iban a una escuela diferente, con la incertidumbre de no saber ni siquiera donde estaba el baño.
Para los adultos, un cambio de escuela o de salón es un trámite administrativo; para un niño, es una gigantesca sacudida en su seguridad interior.
Su madre, advirtiendo el temblor en las manos de su hijo, no se limitó a decirle el habitual “no pasa nada”, se arrodilló, se puso a la altura de sus ojos, lo miró y le dijo: “Hijo, yo voy a ir contigo cruzando esa puerta, vas a conocer muchas cosas nuevas, y yo voy a estar esperándote de este lado para que me cuentes cómo te fue”.
En la entrega pasada hablábamos de como en este inicio de ciclo escolar vivimos momentos de transición; estos días muchos alumnos viven momentos de temor ante los cambios.
Las transiciones aplican para muchos ámbitos, e invariablemente generan miedos; un nuevo trabajo, la llegada de un hijo, la pérdida de un ser querido, un nuevo viaje, el propio matrimonio, son momentos de transición. Las transiciones son oportunidades donde se prueba la fe y se moldea el carácter.
Las etapas de cambio suelen generar una angustia profunda porque el ser humano fue diseñado para buscar estabilidad, sin embargo, la vida rara vez es estática. Lo curioso es que para abrazar lo nuevo es indispensable soltar la orilla de lo conocido.
Cuando nuestro hijo cambia de escuela o de grupo de amigos, experimenta un duelo real. Maestros y padres cometemos a menudo el error de minimizar estas pérdidas restándoles importancia.
El sentido de pertenencia es clave en el proceso de desarrollo del alumno y perder un entorno social conocido genera tres sentimientos:
- Inseguridad e identidad tambaleante: El niño se pregunta quién es él sin la mirada aprobatoria de sus compañeros de siempre.
- Miedo al rechazo: Aparece la ansiedad por el riesgo de no encajar en el nuevo grupo y de no adaptarse a relacionales ya establecidas.
- Sensación de abandono: Si el cambio no es procesado adecuadamente, el menor puede sentir que sus padres lo han expuesto a un peligro sin defensa.
Para acompañar a un hijo, alumno o compañero a cruzar el puente de la transición sin rendirse por el miedo, es necesario dotarlo de herramientas que fortalezcan su seguridad interior y aviven su fe. La confianza no nace de ignorar la incertidumbre, sino de saberse acompañado y aceptado por la familia y por la comunidad escolar.
Aquí van algunas ideas para Padres con hijos en proceso de cambio:
- Crear ritos de paso y despedida: Antes de cambiar de escuela, organice una pequeña reunión para dar gracias a sus compañeritos por los años vividos en la antigua escuela. Agradecer cierra ciclos con dignidad.
- Escucha activa diaria: Dedique 15 minutos diarios a solas con el niño. Deje que exprese sus emociones, rabia, tristeza, alegrías, logros, sin interrumpir con sermones o regaños.
- Estabilidad en el hogar: Cuando el mundo exterior cambia drásticamente, la casa debe permanecer como un espacio que le garantice estabilidad: horarios de comida, comer juntos, oración en familia y afecto físico constante.
Ahora aquí algunas ideas para los maestros que reciben a alumnos nuevos o viven una transición:
- Crear entornos de acogida activa: En las primeras semanas, implemente dinámicas donde las fortalezas de los nuevos alumnos sean visibilizadas sin exponerlos al ridículo o la vergüenza.
- Adoptar la postura de aprendiz: Si usted es el docente que llega a una nueva escuela, escuche la cultura institucional antes de intentar imponer su metodología.
Las estaciones de la vida no son eternas; el invierno del cambio siempre da paso a la primavera del fruto. Cuando miramos atrás en nuestra historia personal, descubrimos que los momentos donde más crecimos no fueron los de absoluta calma, sino aquellos donde tuvimos que aprender a caminar sobre las olas de la tormenta.
Si hoy le toca acompañar a un hijo con los ojos llenos de lágrimas frente a un cambio importante, o si usted mismo como educador se siente desubicado en un nuevo espacio laboral, recuérdese acompañado siempre.
Ahora, es importante entender la vida como una secuencia permanente de transiciones y si nos instalamos en lo adverso de una transición no nos abriremos a la oportunidad de aprovechar esta etapa como una oportunidad de mejora y de crecimiento.
Una transición no es un punto final, no es un lugar de permanencia, es un punto y seguido y a veces solo una coma.
Hoy vivimos tiempos de transiciones muy importantes como sociedad, como familia y como personas y los que mejor entendamos este tiempo de cambios seremos los que mejor aprovechemos estos momentos; saldremos más rápido y con mejores resultados.
Asumiendo una mirada sistémica, si tu hijo, tu alumno o tú mismo estas en una transición, te tengo buenas noticias, este momento es temporal, pasará; llorará lo que tenga que llorar, cerrará lo que tenga que cerrar, pero después, después volverá es estar de pie haciendo cosas nuevas y logrando nuevos éxitos.
Las transiciones y las crisis solo tendrán sentido si tenemos un espacio para construir las cosas nuevas que vendrán después de vivir este momento, ayudar a los demás, sea un hijo, sea un alumno y cualquier otra persona.
Es clave tener claridad de lo que podemos lograr a partir de vivir este momento de cambio.
Ese es el mensaje que podemos sembrar en nuestros hijos, respetar su momento y ayudarles a transitar hacia un nuevo capítulo en su vida.
Nos vemos en la siguiente entrega, y si crees que le pueda ser de utilidad a alguien ayúdanos a compartir

