Volver a las bases, de verdad
En política se repite como mantra vacío: “hay que regresar a las bases”. Pero seamos honestos: la mayoría de quienes lo dicen jamás ha entendido cuáles son esas bases.
Desde el escritorio, el político profesional insiste en la lista cómoda: el ciudadano, el vecino, el comerciante, el agricultor, palabras correctas, sí. Pero profundamente huecas.
Porque el famoso “vecino” no existe como categoría política.
¿Quién es el vecino?
La base real tiene rostro y rutina diaria. Es la ama de casa que administra mejor que cualquier burócrata el presupuesto familiar. Es la directora del colegio que conoce las angustias reales de los padres. Es la vecina metiche —bendita vecina metiche— que mueve la conversación social de toda la colonia.
Es el godín que se levanta antes del amanecer y aun así cumple con votar. Es la familia con tres hijos que vive entre colegiaturas, tráfico y pagos interminables. Es el estudiante que empieza a exigir futuro.
Sí, también están agricultores y comerciantes. Claro que sí, pero reducir las bases a etiquetas genéricas es no entender nada del México real.
Porque la verdadera base no necesita que la movilicen. No necesita camiones. No necesita operación electoral. No necesita dádivas.
Se mueve sola. Piensa sola. Vota sola.
Y ahí está el error monumental de la oposición, creen que con estrategia digital van a conquistar ciudadanos. Creen que juntando a las cúpulas en convenciones estatales o tomándose fotos en eventos masivos la gente va a emocionarse.
Como si alguien viera una foto de políticos alineados y dijera: “ay wow, están todos ahí, votemos por ellos”. No. No pasa. Y peor aún: caen gordos.
Carajo, la clase media es la que sostiene a México.
La clase media paga impuestos, educa hijos, mantiene comunidades, sostiene escuelas, levanta negocios, genera estabilidad social, y esa misma clase media hoy está políticamente huérfana.
La clase media quiere organizarse. Entonces organicémosla. Ya basta de mitines. Basta de fotos. Basta de convenciones. Basta de correr detrás del perfil que ayer se cambió de color político creyendo que ahí está la salvación electoral.
Esa política ya se murió.
Lo que necesitamos son cuadros de calle, cuadros de barrio reales, no perfiles seleccionados por una app que no sirve para evaluar liderazgo ni carácter ni vocación pública.
La oposición debería tener un objetivo muy simple: encontrar a los mejores. No buscar por buscar. No llenar espacios. No improvisar candidaturas.
Porque esto no es un concurso de simpatía.
Yo no quiero que mi hermano me saque una muela sólo porque es mi hermano, busco a un especialista, por Dios ¡voy con el dentista!.
En política debería ser exactamente igual. Yo no voy a votar por el vecino sólo porque me cae bien, votaré por el mejor perfil, por el capaz, por quien pueda gobernar.
Entonces, oposición: perfila a los mejores. No seas populachera.
La política seria exige mérito, preparación, cercanía real y trabajo territorial constante. Exige tocar puertas, escuchar reclamos, aguantar críticas y volver al día siguiente.
Desde hace años a la oposición le falta barrio, y no es un problema local; es nacional.
Mientras las dirigencias sigan creyendo que la política se gana en salones cerrados, métricas digitales o acuerdos de élite, seguirán alejándose de quienes realmente deciden las elecciones: la gente común que sostiene al país sin reflectores.
No tiene caso que SI haya perfiles que tienen barrio dentro de la oposición si a las cúpulas les da «ñañara» ensuciarse los zapatos y sus camisetas nuevas por evento.
Y los perfiles que se fueron por berrinche o indignación que se vayan y que se mueran en el desierto politico de la falta de congruencia y de valor por defender lo correcto, dejen el tema.
Las bases no están en el discurso ni en las redes sociales. Están en la calle. Y ya es hora de volver a pisarla.

