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Obligado a doblar las manos y a presentar una nueva solicitud de licencia por tiempo indefinido… no aguantó la presión política que ejerció la cúpula del oficialismo y su polémico regreso, que originalmente era un abierto desafío en sus redes sociales, se convirtió en un repliegue absoluto, sin retorno. Fulminante.
La presidente dice que se enteró por las redes sociales el mismo viernes, pero lo condenó públicamente de una “ambición desnuda del poder por el poder” advirtiendo que ningún interés personal está por encima de la nación, dejándole claro que no contaba con el aval de la jefa de ejecutivo.
También el coordinador de los diputados de morena advirtió que, si Rocha Moya no cedía, el Congreso de La Unión y el congreso local de Sinaloa ya preparaban acciones conjuntas para respaldar a la presidente, implicando con esto, como se ha dicho en casi todas las noticias del país, que se abriría la puerta a un proceso de desafuero o juicio político.
También trascendió que la dirigencia de morena le advirtió que aferrarse al cargo -estando acusado formalmente por el departamento de justicia de Estados Unidos, junto a otros nueve funcionarios- estaba pesando gravemente en la agenda bilateral y asfixiando las gestiones del partido…
Pero como es de imaginarse, después de respirar profundamente, la lealtad se produjo en forma sumisa y aparentemente regresó el control central y con ello la declaración de despedida del señor Rocha Moya: Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo.
En la lógica del oficialismo actual, el gobernador de Sinaloa se convirtió en un lastre inflamable y el sistema no dudó en apagar el fuego obligándolo a desaparecer del escenario público.
Durante los casi 100 días en los que Rocha Moya estuvo oculto, la presidente de México defendió a los diez de Sinaloa, exigiendo hasta el cansancio, unas pruebas que para ella no han llegado, pero el problema para el gobierno federal es que las agencias de seguridad de Estados Unidos documentaron y expusieron los vínculos de Rocha Moya con las acciones del cartel de Sinaloa, así es que para la presidente Sheinbaum mantener en el cargo a un gobernador señalado formalmente por el departamento de justicia es de un costo diplomático y político insostenible.
Esta telenovela política que dibuja a plenitud las contradicciones del oficialismo populista de izquierda en México se sigue desarrollando en el entorno de una sociedad, la de Sinaloa, que está pasando por la situación económica, social y de seguridad más grave que haya tenido en su historia como estado de oportunidades.
En medio de una contradicción que expone el centro del desencanto ciudadano, porque mientras el gobernador vende argumentos de lealtad para volver al cargo su partido exige su salida por la misma falta de lealtad, lo que ha convertido la narrativa política de morena en un juego de conveniencia, es decir, la sociedad sinaloense no tiene paz y por desgracia seguirá sin tenerla porque no se están planteando las soluciones para el fin de la violencia en el Estado y ésta no depende de un cambio del discurso político, sino fundamentalmente de resolver factores estructurales que nadie ha tenido presente para resolver.
La paz duradera que tanto necesita el país y en particular, Sinaloa requiere que las fiscalías, investiguen y sancionen los nexos entre la política y el crimen organizado, sin importar el partido en el poder o los acuerdos de coyuntura para que, casos como el homicidio de Héctor Melesio Cuen y miles de desapariciones forzadas pueden ser atendidos con sentencias firmes y con el castigo a los culpables para, al menos detener la repetición de los crímenes.
Es normal, que la Sociedad exija una estrategia de seguridad que no sea reactiva, cómo enviar personal uniformado tras una balacera, sino preventiva, conservando las fuentes de empleo, generando nuevas fuentes de empleo, y garantizando que los ciudadanos puedan salir a trabajar, sin un toque de queda implícito en su dinámica cotidiana.
La realidad que viven los ciudadanos en Sinaloa, y de manera crítica en Culiacán, es un desgaste social grave, de miedo generalizado y de una asfixia económica, provocada por casi dos años de enfrentamientos ininterrumpidos entre las facciones de los delincuentes. En el Estado, la sociedad está atrapada en medio de una parálisis urbana que ha cambiado la vida cotidiana, que sigue destruyendo el tejido social y el patrimonio de miles de familias.
El impacto en los bolsillos de los mexicanos de Sinaloa ha provocado la pérdida de más de 40,000 puestos de trabajo en todo el Estado con cierres definitivos de comercios, más de 4000 locales comerciales, tanto formales como informales han tenido que bajar las cortinas de manera permanente, debido a las bajas ventas y la falta de clientes.
Los ramos económicos de servicios y restaurantes está pasando por las crisis más severas con plazas comerciales hasta por un 80% de desocupación y los campos agrícolas también registran caídas de más del 20% en sus contrataciones de personal por la inseguridad en las rutas de trabajo.
Está claro que la integridad de los mexicanos en Sinaloa es vulnerada de forma cotidiana con balaceras a plena luz del día, bloqueos de vialidades con vehículos incendiados, despojo de automóviles y desapariciones forzadas son riesgos constantes para trabajadores y estudiantes que salen todos los días a las calles. No hace falta imaginarse cómo es la percepción ciudadana hacia las autoridades locales y federales, además del profundo escepticismo; ni el patrullaje de miles de elementos uniformados logra pacificar las zonas en conflicto ni garantizar el libre tránsito.
El estado de Sinaloa arrastra un acumulado histórico oficial, además de 5600 personas desaparecidas, hay colectivos locales de madres buscadoras afirmando que el dato real podría ser de casi el doble debido a las familias que no denuncian porque han sido amenazadas por el crimen organizado y completando esta visión, ahí medios de comunicación locales que han denunciado que los datos oficiales de la fiscalía del Estado y el gobierno federal, no concuerdan y desde el año pasado, 2025, la fiscalía local está clasificando decenas de cuerpos con huellas de violencia bajo el nuevo rubro de causa de muerte: pendiente por determinar… sacándolos por tanto, temporalmente de las estadísticas de homicidios dolosos, con lo cual mitigan el impacto mediático del conflicto.
Para el oficialismo sigue siendo lo más importante definir las lealtades de sus seguidores… la sociedad tendrá que esperar… podríamos deducir de las decisiones que están tomando en las cúpulas del poder político. Está claro que las decisiones en el oficialismo no se mueven por una lógica Moral, sino por un pragmatismo de supervivencia:
- Las elecciones en Sinaloa del 2021 quedaron marcadas en la memoria política por las denuncias sobre la operación abierta y franca del crimen organizado, ejecutando privaciones ilegales de la libertad contra sus operadores políticos, contrarios con tal de asegurar el triunfo de morena. El partido en el poder en ese momento tenía como objetivo consolidar el control del pacífico mexicano.
- Durante los últimos cuatro meses el gobierno mexicano mantuvo una defensa férrea de Rocha Moya con las premisas de la soberanía nacional y las exigencias de pruebas. Está claro que lo necesitaban para evitar aceptar públicamente la narrativa de la oposición, refiriéndose al pacto del gobierno federal con el narcotráfico y por tanto tener que admitir las acusaciones del gobierno de Estados Unidos, lo cual habría significado un golpe devastador al inicio del sexenio de la presidente Sheinbaum.
- Pero hoy no lo quieren ni ver y toda morena se desmarcó de forma contundente al regresar Rocha Moya por cuenta propia sin coordinarse con el gabinete de seguridad y sin avisar a la presidente, rompió la disciplina vertical de su partido.
- O en la lógica del poder con el actual gobierno, un individuo es perfectamente sacrificable. Si su permanencia pone en riesgo la legitimidad de todo el proyecto de gobierno. Al dejarlo solo el oficialismo busca mandar el mensaje de qué las acusaciones de narcotráfico son un problema individual de Rocha Moya y no una política institucional de morena.
El mismo sistema que lo encumbró ahora lo hunde despojándolo de todo su respaldo en las estructuras de su partido. Ya da igual si la ideología es afín, si hay otros implicados, si pudieron ponerse de acuerdo y no lo hicieron…
Entre lo más refinado de sus argumentos de defensa Dijo que su incorporación no era un acto de desmesura, como afirmaron todos los gobernadores de morena y que tiene la firme, obligación constitucional de cumplir con el mandato popular, otorgado por los sinaloenses en las urnas, y también calificó los señalamientos del departamento de justicia de Estados Unidos, como falsas y dolosas acusaciones, afirmó que durante sus más de 100 días de licencia cooperó de manera abierta y se puso a total disposición de la fiscalía general de la República, etc.
Es decir, dijo lo mismo que durante los mismos días estuvo diciendo por decenas de veces la presidente de nuestro país, pero hoy todo eso puede estar en un bote de basura, no son los argumentos que el oficialismo quería escuchar, sí leyó usted bien estimado lector: los argumentos que todos dijeron antes hoy no importan…
.. así es el pragmatismo del oficialismo autócrata que vivimos en nuestro país.
Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
- Gerardo Mosqueda Martínez

