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«Nuestra familia, nuestra mejor selección», la columna de Gabriel Espinoza

NUESTRA FAMILIA, NUESTRA MEJOR SELECCIÓN

Para vivir mejor.

Gabriel Espinoza Muñoz

“A todos los que quieren y a todos los que aman el futbol”, decía aquel extraordinario cronista, claro, me refiero al gran Ángel Fernández, que los más jóvenes tal vez no recuerden, “Y de lo que se perdieron…”

Pero bueno, ha comenzado a rodar el balón en este mundial de futbol; a partir del jueves pasado y por varias semanas, nuestro país y el mundo entero detendrán su ritmo habitual para sintonizar las transmisiones, llenar los estadios y contagiarse de las emociones de la Copa del Mundo.

Millones de personas compartiremos una misma pasión, analizaremos estrategias, haremos pronósticos y celebraremos o sufriremos las jugadas de 22 atletas que corren en una cancha de futbol en busca del triunfo en cada partido.

El deporte, y en especial el futbol, tiene la capacidad única de reflejar las dinámicas más profundas del corazón humano y de las estructuras sociales. Y ¿cuál es la célula primera y fundamental de nuestra sociedad? La familia.

No se trata simplemente de sentarnos a ver los partidos y comer botana; se trata de utilizar la «fiebre futbolera» como un espejo pedagógico para sensibilizar a nuestra familia sobre la urgencia absoluta de reaprender a trabajar en equipo, como las mejores selecciones.

El hogar no puede ser un hotel donde los integrantes llegan a descansar; debe ser el centro de alto rendimiento donde se forman los ciudadanos del mañana.

Siempre atento a los signos de los tiempos, el Papa León XIV, durante su visita a España, sorprendió al mundo deportivo y eclesial al dirigir un mensaje universal con motivo del inicio de la Copa del Mundo.

En un documento de profunda sensibilidad pastoral, el Papa León XIV utilizó la esencia misma del futbol para dar un golpe certero al corazón del egoísmo contemporáneo.

Con la frase: «Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, aún no ha entendido el juego», el Papa nos recordó que el futbol es, por definición, un deporte de equipo que enseña a no lucirse en solitario, sino a avanzar juntos. Transportada a la vida familiar, esta máxima adquiere un peso especial. ¿Cuántas veces, en el seno de nuestros hogares, cultivamos auténticos «cracks solitarios»?, hijos con calificaciones escolares impecables, atletas juveniles destacados o padres con carreras profesionales brillantes que, sin embargo, son incapaces de «pasar el balón» en casa, es decir, de compartir el tiempo, de escuchar con paciencia, de sacrificar su lucimiento personal por el bien común de la familia.

El Papa León XIV estructuró su exhortación en tres pilares fundamentales que funcionan como las prioridades tácticas para nuestra misión educativa para el hogar y para el aula:

  1. El trabajo en equipo como camino comunitario

León XIV enfatizó que la vida, al igual que el deporte, es un camino que se recorre en comunidad y no una carrera individualista. La cultura actual le aconseja a nuestros jóvenes que el éxito se mide por la rapidez con la que llegan a la cima, incluso si tienen que pisar a los demás. La familia es la primera comunidad donde el ser humano descubre que su identidad se construye en la relación con el otro.

  1. Convivencia y generosidad vs el egoísmo

El mensaje papal promovió el valor de compartir los talentos propios para el bien común, rechazando categóricamente el egoísmo dentro y fuera de la cancha. En el espacio familiar, esto se traduce en la administración de los dones. Si un hijo es dotado de paciencia, su talento debe servir para apoyar al hermano que va mal en los estudios. Si el papá posee el don de la organización, debe usarlo para organizar tiempos de calidad familiar, y no solo para su éxito profesional.

  1. Mensaje de fraternidad ante los conflictos globales

León XIV pidió expresamente que la justa mundialista fomente la unidad y la solidaridad entre las naciones frente a los terribles conflictos globales que nos asolan. Una familia que aprende a resolver sus diferencias con caridad, que perdona las fallas de su «portero» (ese miembro que cometió un error) y que celebra el progreso del más débil, está inyectando en la sociedad ciudadanos inmunizados contra el virus de la violencia y de la intolerancia.

Y como hace tiempo les platique, hoy es más vigente que nunca compartir lo que se ha hecho con padres de familia e hijos de escuelas y parroquias de diferentes ciudades, entre ellas escuelas de León, para buscar desarrollar mejores familias pues la hipótesis de desarrollo que planteamos desde The Valerio Foundation es que una familia que trabaja en equipo es una familia que genera oportunidades para el desarrollo integral de los hijos.

La propuesta plantea que los equipos, y las familias pasan por 4 etapas y conviene tenerlas presentes para saber dónde vamos como familia:

Para aplicar con éxito la metáfora del Mundial 2026, los papás y maestros necesitan un mapa de navegación claro. Ninguna selección de futbol llega a la final de la Copa del Mundo sin pasar por un riguroso proceso de adaptación, crisis, normalización y alto rendimiento.

ETAPAS DE DESARROLLO DE LAS FAMILIAS

Etapa 1: Alistarse (emoción e incertidumbre)

En esta la fase el equipo se reúne por primera vez o enfrenta un cambio radical de escenario, el matrimonio, la llegada de un hijo o simplemente el momento en que deciden trabajar en equipo como familia.

Aquí los miembros de la familia experimentan sentimientos encontrados de ansiedad, emoción y expectativa. Hay preguntas implícitas en el ambiente: ¿Cómo va a funcionar esto?, ¿Cuáles serán las nuevas reglas del juego?

Los miembros se muestran cautelosos pero emocionados, en esta etapa gana la emoción. En términos de matrimonio es la luna de miel. Para una selección es el momento que inician a jugar juntos al ser convocados por el entrenador nacional.

Etapa 2: Ir en Círculos (frustración y conflicto)

Tarde o temprano, la convivencia diaria choca con las diferencias individuales. Es aquí donde muchas familias se estancan y entran en crisis profunda si no cuentan con herramientas espirituales y pedagógicas.

Los miembros de la familia empiezan a competir por el control, por el espacio o por la atención. Surge la frustración porque las metas idealizadas no se cumplen de inmediato. Hay una sensación de que se gasta mucha energía, pero se avanza poco, se camina «en círculos» y se fijan mucho en los errores de los demás.

Pleitos constantes entre hermanos, rebeldía ante la autoridad de los papás. El egoísmo intenta adueñarse de la cancha doméstica. Es la etapa donde el papá o la mamá corren el riesgo de perder la paciencia y tirar la toalla. Aquí hay jugadores que desean ser la estrella sin importar el equipo. En términos de matrimonio, en esta etapa es cuando más divorcios llegan.

Etapa 3: Entrar en curso (Cooperación y diálogo)

Gracias a la perseverancia y al diálogo la familia empieza a comprender que la división interna solo lleva a la derrota.

Los miembros comienzan a aceptarse mutuamente. Las diferencias ya no se ven como amenazas, sino como riquezas complementarias. Se desarrolla una capacidad inicial para dar y recibir retroalimentación de manera cordial. El enfoque cambia de la acusación individual a la resolución colectiva de problemas.

Los hijos empiezan a asumir sus responsabilidades sin necesidad de recordatorios constantes. Se nota un respeto creciente por las opiniones de los demás en la mesa. La familia empieza a caminar con rumbo claro y el ambiente doméstico se vuelve más ligero y predecible. Aquí es donde los equipos comienzan a ganar y a sentir todos que vale la pena jugar como equipo. Aquí es donde los integrantes aprenden a dar los pases, parafraseando al León XIV.

Etapa 4: Avanzar a toda velocidad (La Sinergia Total)

Este es el estado ideal, se llega a un nivel de alta competencia y resultados.

El equipo opera con un alto grado de autonomía, rapidez y eficiencia. Hay un profundo orgullo de pertenencia. Los miembros se sienten altamente competentes y motivados. Los obstáculos externos (crisis económicas, enfermedades, presiones sociales) ya no rompen la unidad, sino que fortalecen los lazos.

Existe una armonía visible, la ayuda mutua es espontánea. El diálogo es fluido, sincero y con un sentido siempre positivo. Hay espacio para la celebración frecuente y el hogar se convierte en un puerto seguro y también en un ejemplo para la comunidad que lo rodea. De aquí salen los equipos de campeonato y también los campeones goleadores pues todos logran sus objetivos en un esquema de ayuda mutua. En términos futbolísticos “La familia juega por nota”

Esta metodología, al aplicarse, va aderezada con actividades lúdicas que hace que padres e hijos vivan siempre motivados e involucrados en la mejora continua como familia. Y créanme, da resultados.

Y si, las grandes selecciones, aquellas que llegarán no solo al quinto partido sino a las instancias finales y llegan a ser campeonas, viven este camino. Las familias que tienen hijos exitosos, honestos y buenos ciudadanos viven este camino.

Ahora, este proceso requiere trabajo y paciencia, pero nunca es tarde pues siempre es un buen momento para iniciar, siempre existe la oportunidad de cambiar, de emprender ese viaje, de decir “si” a hacer de nuestra familia nuestra mejor selección, pues como decía Don Fernando Marcos, otro decano de la narración del futbol “Esto no se acaba hasta que se acaba, pues hasta el último minuto tiene 60 segundos”

Y ya no me atrevo a decir las últimas cuatro palabras con las que cerraba su transmisión Don Fernando Marcos, esas 4 palabras las construyes tú, en función de lo quieras que pase en tu familia a partir de ahora.

Nos vemos en la siguiente entrega y si crees que la sirve a alguien, compártelo.

 

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