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«Caja de herramientas en el matrimonio», la columna de Gabriel Espinoza

LA CAJA DE HERRAMIENTAS EN EL MATRIMONIO

 Para vivir mejor.

Gabriel Espinoza Muñoz

Luego me preguntan que como decido de que escribir; la realidad es que escribo de lo que veo, de lo que leo, de lo que escucho… escribo de lo que vivo.

Y en la semana tuve la oportunidad de platicar con una excelente amiga maestra, a quien admiramos en casa.

Y hablando de todo y nada, coincidíamos que todos los esposos tenemos una caja de herramientas en casa, que esa caja es como algo sagrado para nosotros, ahí tenemos herramientas y damos por hecho que ahí estarán para cuando las necesitemos, por eso luego nos enojamos si alguien agarra nuestra caja sin avisarnos o si alguien saca algo de la caja y no lo devuelve. Creo que en toda casa que se precie de ser una casa normal hay una caja de herramientas custodiada y a veces poco usada por el esposo. Y bueno, la caja de herramientas es para el esposo tal vez como lo es el bolso para las esposas, pero bueno, así la plática.

Coincidimos que en el mundo actual, la narrativa sobre el matrimonio ha sufrido una erosión silenciosa pero profunda. Se nos presenta a menudo como un «estado de vida» que limita la libertad, un contrato de convivencia o, en el peor de los casos, una institución obsoleta que compite con la realización personal. Sin embargo, el matrimonio no es una carga, sino la mayor oportunidad para alcanzar el anhelo más profundo del corazón humano: la felicidad.

Vivimos en la era del «yo». Se nos dice que para realizarnos debemos priorizar nuestras metas, nuestros viajes y nuestra comodidad. Bajo esta lógica, el cónyuge y los hijos aparecen a veces como obstáculos para mi desarrollo. Pero la verdadera realización personal no es la acumulación de experiencias solitarias.

En ese sentido el matrimonio es una oportunidad de realización donde el yo disminuye para que crezca el «nosotros», y es precisamente en ese «nosotros» donde descubrimos nuestra verdadera oportunidad; para finalmente, a través del nosotros crecer en el yo.

Muchos ven el matrimonio como una vitrina de cristal para exhibir un amor perfecto. Pero el matrimonio es, en realidad, una caja de herramientas. Si la dejan cerrada, se oxidará y el amor se volverá pesado. Pero si la abren cada mañana, podrán reparar cualquier grieta en su hogar y, eventualmente, ayudar a construir una mejor comunidad.

Y entonces recordé mi experiencia en la carpintería, donde, efectivamente, había un sinfín de herramientas, cada una con una función específica.

Don Margarito, que a la postre fue nuestro padrino de matrimonio, tenía todas sus herramientas acomodadas, cada una en su lugar, las cuidaba y les daba mantenimiento para que cuando las debía usar estuvieran en óptimas condiciones.

Ahora, imaginen ustedes que cuando se casan reciben como regalo, una caja de herramientas antigua, pesada y de madera robusta. Al abrirla, no encuentran martillos o desarmadores comunes, sino instrumentos con nombres extraños grabados en el metal.

Esta analogía nos permite entender el matrimonio no como un sentimiento estático, sino como un conjunto de capacidades que nos perfeccionan, y ahí encontramos, entre otras herramientas, las siguientes:

  1. El Nivel: Para la Rectitud Personal

El nivel sirve para asegurar que una superficie sea totalmente horizontal o vertical. En el matrimonio, el cónyuge actúa como nuestro «nivel» moral. Cuando el orgullo nos hace desviarnos, cuando la pereza nos inclina o cuando los problemas nos invitan a darnos por vencidos, la sola presencia del otro (y su corrección fraterna hecha con amor) nos endereza. El matrimonio nos hace mejores personas porque no nos permite vivir «torcidos»; nos obliga a buscar la integridad para ser dignos del otro.

  1. La Lija: Para Suavizar Asperezas

Nadie llega al matrimonio siendo un producto terminado. Todos tenemos «astillas» de egoísmo, mal carácter o impaciencia, dejar la pasta de dientes apachurrada o dejar la ropa sucia en cualquier lado.  La convivencia diaria es ese papel de lija. Al principio duele, hay fricción y salta polvo. Pero, con el tiempo, esa fricción constante va suavizando nuestro carácter. Un buen matrimonio es aquel donde ambos han aceptado ser «lijados» por la paciencia del otro hasta revelar la belleza de la madera pulida que Dios puso en su interior.

  1. El Resistol Amarillo (mis amigos de León le llamarán “Resistol de contacto”): Para la Unidad Familiar

Hay momentos en que la familia parece romperse por presiones externas o crisis internas. El amor en el matrimonio es el pegamento de la familia. Si los padres están unidos, los hijos crecen en una estructura sólida. Esta «herramienta» de la unidad no es automática; se aplica cada vez que los padres deciden perdonarse y mostrar un frente unido. Una familia unida por el amor de los padres es una estructura que ninguna tendencia puede derribar.

  1. La Cinta Métrica: Para la Empatía y la Medida

A veces queremos que los demás actúen según nuestra propia medida. El matrimonio nos enseña a usar la cinta métrica de la empatía: aprender a medir las cargas del otro. «Hoy mi esposo viene cansado, su carga es de 10 metros, yo caminaré 8 para que él solo camine 2». Esta capacidad de medir las necesidades ajenas se traslada luego a los hijos y, finalmente, a la comunidad.

Un matrimonio que ha aprendido a perdonar (usar la lija) se vuelve un referente de paz en su comunidad. Un matrimonio que ha aprendido a escuchar (usar el nivel) se convierte en una guia para otros padres angustiados.

Cuando un matrimonio es sólido, la comunidad se fortalece, porque una sociedad no es más que la suma de «iglesias domésticas» como le llamada El Papa Juan Pablo II.

Y si el matrimonio es nuestra caja de herramientas, los hijos son nuestro principal proyecto como matrimonio. Educar a los hijos no es transmitir un manual de reglas, sino contagiar una forma de vivir.

Aquí van algunas otras herramientas que encontré en la caja y que podemos utilizar como padres en la edificación de nuestros hijos:

  1. El Formón del Testimonio (Coherencia)

En la carpintería utilizábamos el formón para hacer cortes precisos y dar forma. Los hijos no escuchan lo que decimos, miran lo que hacemos. Si como padres mostramos la prudencia y el respeto de los límites, enseñaremos a nuestros los hijos a hacer lo mismo y si en familia establecemos reglas, el testimonio nos permite cuidar ese orden pues #si cuidamos el orden, el orden nos va a cuidar como familia”

  1. La Plomada para mantener el rumbo

La plomada asegura que una construcción crezca recta respecto a sus objetivos.

Como matrimonio debemos revisar de manera permanente, si las conductas de nuestros hijos son coincidentes con el plan de familia que construimos o si es necesario meter el nivel, utilizar el formón y en su caso utilizar la lija para pulir.

  1. El Serrucho del Discernimiento

El serrucho nos ayuda a separar lo que construye de lo que destruye. Como padres, debemos enseñar a los hijos a «cortar» con aquello que los aleja de su dignidad: el uso excesivo de pantallas, las amistades tóxicas o el egoísmo. Esta herramienta permite a nuestros hijos saber identificar que sirve y que no sirve.

Cuando los hijos ven a sus padres utilizar estas herramientas con alegría, entienden que la vida en familia no es una carga, sino la mejor manera de construir una vida sólida. Un matrimonio que se esmera educando a sus hijos no solo salva a su familia, sino que ofrece a la comunidad hombres y mujeres de bien, capaces de transformar la sociedad y brindar motivos de orgullo a sus padres.

Gracias por leerme, nos vemos en la próxima entrega y si te gusta compártelo.

 

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