“AHORITA, LA TRAGEDIA DE DEJAR LAS COSAS PARA MAÑANA”
Para vivir mejor.
Gabriel Espinoza Muñoz
Un sábado por la tarde, entras a la habitación de tu hijo. Está recostado en la cama, con la mirada fija en la pantalla del teléfono. Te acercas y le recuerdas, con la mayor paciencia posible, que hace tres horas debía comenzar a estudiar para el examen, o que se había comprometido a limpiar su cuarto, o a salir a caminar en familia.
Él, sin levantar la vista, emite un sonido indescriptible y pronuncia la palabra que se ha convertido en el mantra de la juventud actual: “Ahorita”.
Como padres, esa palabra nos genera una mezcla de frustración, desánimo y a veces enojo. Los mexicanos tenemos una palabra que captura perfectamente nuestra relación con el tiempo: “Ahorita”. ahorita voy, ahorita lo hago, ahorita empiezo sabemos que un “ahorita” no significa “en cinco minutos”; a menudo significa “mañana”, “el próximo lunes” o, trágicamente a veces es un “nunca”.
“Ahorita” es el disfraz que le ponemos al “nunca” para que no nos duela tanto.
En la era de la gratificación instantánea, “dejar las cosas para mañana” se ha convertido en una epidemia silenciosa que paraliza el potencial de nuestros hijos, descarrila sus proyectos de vida y debilita su carácter, y claro, también aplica para nosotros como adultos.
Me pareció muy interesante hablar de como dejamos las cosas para mañana pues, aunque pudiera parecer un tema de índole solo psicológico, pudiera tener un enfoque profundamente espiritual y que se empata con la entrega de la semana pasada respecto a la Inteligencia Emocional.
Vamos a ver…
Te quiero pedir que te remontes a los festejos de fin de año y en especial a los momentos en que fuiste perfilando tus propósitos para este 2026.
¿Hiciste propósitos?, ¿Los recuerdas?, ¿Cómo te va con ellos?.
Cuando miramos a nuestro hijo pegado al celular, no cumpliendo con sus deberes, sus valores o sus metas, no estamos ante un joven que odie el bien. Si le preguntas, él quiere ser un buen estudiante, quiere ser un buen hijo, quiere tener una vida exitosa y sana.
El problema no es la falta de información ni de buenas intenciones. El problema es el “pero no todavía”.
Decir mañana empiezo la dieta, la próxima semana inicio el proyecto o el próximo semestre ahora si le hecho todas las ganas, es una trampa. El mañana no nos pertenece.
Los filósofos griegos de la antigüedad ya lo habían identificado y le llamaban “Falta de dominio sobre uno mismo”. Es el estado en el que el ser humano hace lo que sabe que le perjudica y evita hacer lo que sabe que le beneficia.
Cuando tu hijo sabe que debe apagar el celular para ponerse a estudiar, realmente desea obtener una buena calificación, pero sus dedos siguen deslizando la pantalla, está experimentando esa “Falta de dominio sobre uno mismo”.
Cuando un joven deja las cosas para mañana, (hoy le llamamos PROCRASTINAR), su voluntad ordena, pero no de manera entera. Una parte de él quiere estudiar, pero otra, habituada a la comodidad, quiere quedarse donde está.
Y esa pequeña fracción es suficiente para paralizar todo su cuerpo.
No es que a tu hijo le falte motivación; le falta unidad de voluntad. Está fragmentado. Su atención, su afecto y sus deseos están repartidos en mil direcciones distintas debido a los estímulos del mundo moderno, y una voluntad dividida es, por definición, una voluntad impotente.
Vamos a intentar descifrar cómo funciona, con un ejemplo de un joven, pero que puede servir para ver porque no iniciaste la dieta, porque no seguiste estudiando inglés o porque dejaste de ir al Gym. Ve revisando si te aplica para tus propósitos de fin de año.
Todo comienza con una pequeña decisión libre. El joven está cansado o aburrido frente a una tarea escolar. Decide, por un acto de su voluntad, evadir el esfuerzo y abrir Instagram, Facebook o tik tok durante solo cinco minutos. No parece nada grave; es una decisión minúscula.
Al hacerlo, su cerebro recibe una descarga inmediata de gratificación, evitar el esfuerzo dolió menos que afrontarlo. El deseo de repetir esa conducta empieza a crecer.
Si el joven satisface ese deseo cada vez que experimenta una pizca de frustración o aburrimiento, la evasión deja de ser un acto aislado. Se convierte en una costumbre. El joven ya no piensa si debe o no tomar el teléfono; lo hace de forma automática, como un reflejo predeterminado ante cualquier exigencia de la vida real.
Finalmente, cuando la costumbre no es resistida a tiempo mediante la autodisciplina, se transforma en una necesidad percibida. El adolescente siente que no puede vivir sin revisar el teléfono, que necesita estar conectado, que es superior a sus fuerzas.
Y adiós a los propósitos de fin de año
Cada vez que cedemos al deseo de “dejar las cosas para mañana”, no estamos simplemente dejando las cosas estables: estamos entrenando nuestra voluntad para ser débil.
Esto puede aplicar para lo que queremos empezar a hacer, pero también para los hábitos que queremos dejar o conductas que sabemos que están mal y las queremos corregir.
Muchos padres creemos que la solución está en diseñar agendas más estrictas o aplicar castigos más severos.
Si tu hijo o alumno desea la comodidad inmediata más que su futuro, caerá de manera natural hacia el celular. Si desea el aplauso de los likes de las redes sociales más que su formación en virtudes, su conducta se orientará hacia allá.
No puedes cambiar la dirección de tu hijo o alumno forzándolo externamente de por vida; tienes que ayudarle a cambiar su centro de gravedad, es decir, a cambiar lo que ama.
Bingo, no es pelearse con sus deseos de celular, es ayudarlos a saber que hay cosas más valiosas que estar metido en el teléfono.
Ahora, no todo es catastrófico, esto tiene solución. Ya en su tiempo San Agustín de Hipona planteaba este problema de la voluntad, y nos dejó un sencillo método para corregir.
Ahí va:
- Deja de negociar contigo mismo: Cada vez que negocias, pierdes. Cada vez que dices “solo cinco minutos más”, tu voluntad se debilita. La negociación es una ilusión: Te hace sentir que estás siendo razonable. San Agustín pasó años negociando: “Dame la virtud, pero no todavía”, todavía no, mañana, la próxima semana, cuando termine esto otro. La solución es dejar de negociar; o lo haces o no lo haces, no hay mañana seguro; solo hay ahora.
- Identifica tu cadena: Pregúntate: ¿Cuál fue la primera vez que empecé a posponer esto? ¿Qué placer obtuve al evitarlo? ¿En qué punto dejó de ser una elección y se convirtió en una necesidad? Cuando ves la cadena claramente, puedes empezar a romperla conscientemente.
- Entiende el costo real de posponer: No el costo abstracto, sino el costo concreto, personal, específico. ¿Quién serás en cinco años si sigues posponiendo? ¿Qué oportunidades perderás? ¿Qué relaciones se deteriorarán? El placer de posponer es inmediato y obvio; el costo es distante y abstracto, por eso siempre elegimos posponer: el placer está aquí, el dolor está allá. Pero si logras hacer el dolor futuro presente, si logras sentir hoy el costo de tus postergaciones, la ecuación cambia. Todo cambia cuando ves con claridad lo que estás perdiendo cada día que dejas las cosas para mañana. ¿Cuánto has dejado de avanzar desde enero?
- Encuentra el amor que es mayor que la resistencia: No puedes eliminar un deseo, pero puedes reemplazarlo. Si no inicias porque amas la comodidad, necesitas encontrar algo que ames más que la comodidad. Encuentra algo que valga más que seguir acostado, algo que ames más que tomarte otra cerveza, algo que ames más que servirte otra rebanada de pastel, algo que ames más que “hacer lo que no está bien”.
- Actúa ahora: No cuando te sientas listo, no cuando las condiciones sean perfectas, no cuando tengas más energía, más tiempo o más motivación; es ahora. No hay nada especial sobre mañana; mañana serás el mismo tú. El momento para actuar siempre es ahora, es el único momento que realmente tienes. Tal vez por este último punto me encanta la mística de Alcohólicos Anónimos, “Solo por hoy”, dicen ellos. Un día mi padre, en un modo muy agustiniano, dijo solo por hoy y nos cambio la vida como familia.
Después de 5 meses cada uno sabe cómo le va con sus propósitos, ¿Qué sería diferente si los hubieran cumplido al pie de la letra?
Y tal vez estemos pensando en proyectos o propósitos que implican una buena inversión de tiempo y recursos, pero cuantas cosas hemos ido dejando para mañana y que “no nos cuesta nada hacerlas ya”. La visita pendiente al amigo o a un familiar, el «te quiero» te has ido posponiendo, la plática con tus hijos, o el cafecito con tu esposa, la reparación que tu esposa te ha pedido desde hace tiempo o el encargo que te hizo tu mamá… tantas y tantas cosas.
Por último, este proceso aplica de manera personal, pero también como matrimonio, como familia y claro, como comunidad, pues a todos los niveles hay cosas que queremos cambiar, pero nos gana el “Ahorita”
Y tú, estimado lector, dirás que «que loco» estar hablando en mayo de los propósitos de enero, pero bueno, si los llevas al día, felicidades; si no, tal vez estas líneas sirvan de aliciente para retomarlos y no darte por vencido.
Y porfa no te digas “Ahorita, me juro que ahorita lo hago”
Buen domingo y nos vemos en la próxima entrega

