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«5to piso, la experiencia como sabiduría y la vida como testimonio», la columna de Gabriel Espinoza

“5° PISO, LA EXPERIENCIA COMO SABIDURÍA Y LA VIDA COMO TESTIMONIO”

Para vivir mejor.

Gabriel Espinoza Muñoz

En días pasados me ha tocado platicar con una persona que le pega a los 70 años y he quedado sorprendido con su vitalidad, su salud, pero sobre todo ese espíritu de lucha que me hizo recordar algo que leí hace algunos años, cuando veía lejos, muy lejos llegar a los 50 años, el 5° piso como solemos llamarle de cariño, por nostalgia o a veces por resignación. Quede gratamente sorprendido con esa plática, y me motivo a retomar aquellos apuntes.

Y es que a menudo, nuestra sociedad contemporánea, obsesionada con la novedad, la productividad inmediata y la eterna juventud, nos ha vendido una mentira silenciosa pero devastadora: Que después de los cincuenta años, el papel de una persona es simplemente «retirarse», hacerse a un lado y ver cómo la vida sucede en manos de otros. Se nos invita a una especie de sala de espera existencial donde la salud se cuida solo para durar más, no para vivir mejor, no para seguir creciendo.

Sin embargo, la realidad es diametralmente opuesta. Si has cruzado la barrera de los 50 años, no estás en el final del camino; estás en la etapa perfecta que combina horas de vuelo, solidez de voluntad y claridad de conciencia. Es el momento en que la experiencia se transforma en sabiduría y el caminar en testimonio.

La crisis que vivimos hoy nos requiere a todos de pie, requiere sumar los talentos de todos y hoy esa sabiduría no puede seguir desperdiciada pues es cuando más la necesitamos, eso nos decía en la conversación.

Aquellos apuntes hablaban de la importancia del autocuidado, de mantenernos en condiciones de ejercer ese rol de faros en nuestra comunidad y de desempolvar nuestros talentos para ponerlos al servicio de los demás, no en una lucha intergeneracional sino más bien una oportunidad de ayudar a las nuevas generaciones a madurar

Hoy hay muchas personas que tienen 50, 60, 70 años, que tienen toda la experiencia del mundo y que tienen el vigor a flor de piel, algunos ya gozado de su jubilación, otros en vida activa y exitosa, pero todos, absolutamente todos ellos, tienen algo que les falta a las nuevas generaciones. Ya has soportado tormentas, has sostenido familias, has levantado hogares y empresas, has librado batallas laborales, han librado batallas de salud, en síntesis, ya han vivido lo que los jóvenes aún no viven y que les hace ver el mundo de manera parcial.

Ahora, para lograrlo debemos retomar algunos aspectos que nos permitirán se mucho más útiles y efectivos a nuestra comunidad.

1. NO POSTERGAR TU PAZ INTERIOR

Hay personas que llegan a la madurez viviendo como si el tiempo fuera infinito, postergando su propia dignidad por complacer a los demás que, muchas veces, se ha acostumbrado a su sacrificio silencioso. Vivir con dignidad implica respetarte, respetar y pedir respeto a los demás.

2. DEFENDER NUESTROS SUEÑOS

A veces sentimos que tener un sueño propio a los 65 años es una «locura» o un «egoísmo»

Los talentos no tienen fecha de caducidad. Enterrar el talento por miedo al “Que dirán” es la actitud del siervo perezoso que escondió sus talentos por temor.

El aprendizaje y la ilusión rejuvenecen el cerebro. Cuando decides que el «momento perfecto» es hoy, te conviertes en un motor de cambio social. Una familia que ve a su padre o madre reinventarse, estudiar y vibrar con la vida, es una familia que pierde el miedo al futuro. Tu alegría y tu ejemplo de vida es la mejor herencia que puedes dejar a tus hijos.

3. PERDONAR

No tiene sentido llegar a la madurez cargando sacos de piedras. Los rencores del pasado (ese hermano que no te habló, ese amigo que te traicionó, esa injusticia de hace veinte años) son venenos que tú bebes esperando que el otro muera.

Espiritualmente, el perdón es la llave de la libertad. Perdonar no es olvidar ni volver a exponerse. Cada vez que rumias una herida, estás robándole energía al amor que podrías estar dando hoy. El cielo se gana con las manos abiertas, no con los puños cerrados.

4. SOLTAR LO QUE NO TE TOCA

Este es quizás el punto más difícil para los padres: entender que tus hijos adultos ya no necesitan un salvavidas, sino un faro.

Muchos caen en la trampa de la «necesidad»: creen que, si no resuelven los problemas financieros o emocionales de sus hijos de 40 años, su vida carece de sentido.

Si vives para cumplir expectativas ajenas, les estás enseñando a tus hijos que envejecer es desaparecer. Si, por el contrario, te ven poner límites, cuidar tu vida espiritual y física, tener amigos y viajar o emprender, les estás dando permiso para que ellos también vivan con plenitud.

5. PREPARAR TU CUERPO

No estoy hablando de tener el cuerpo de un modelo de revista (que además son poco reales), estoy hablando de cuidar el único vehículo que tienes para experimentar la vida. Tu cuerpo a los 50 o 60 años necesita atención, necesita cuidado.

El envejecimiento es real, pero la velocidad y la calidad de ese envejecimiento dependen enormemente de tus hábitos

Cada día que caminas 30 minutos estás reduciendo tu riesgo de demencia, de diabetes, de enfermedades cardiovasculares. Cada vez que eliges una comida nutritiva en lugar de comida rápida, estás alimentando tus células, tu cerebro, tu energía vital. Cada noche que duermes 7 u 8 horas, estás permitiendo que tu cerebro se limpie de toxinas, que tu cuerpo se repare, que tu sistema inmune se fortalezca. No se trata de convertirte en un atleta olímpico, se trata de honrar tu cuerpo, de agradecerle todo lo que ha hecho por ti durante décadas, de darle lo que necesita para seguir funcionando bien, porque puedes tener todo el dinero del mundo, todos los planes perfectos, pero si tu salud falla, nada de eso importa. Tu cuerpo es tu casa y no puedes mudarte de casa.

6. HACERLO YA

No tiene ningún sentido después de los 50 es seguir posponiendo la vida para un «después» que quizás nunca llegue. Cuántas veces he escuchado: «cuando me jubile voy a hacer tal cosa, cuando tenga más tiempo, cuando los nietos crezcan, cuando tengamos más dinero ahorrado…». Y pasan los años y ese momento perfecto nunca llega.

La idea de que después de la jubilación vas a tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que quieres es peligrosa porque no sabes qué salud vas a tener, no sabes qué energía te va a quedar, no sabes qué vas a poder hacer físicamente. Hay personas que llegan a la jubilación y a los 2 años tienen un problema de salud serio que les cambia todos los planes y entonces sí que es tarde para ese viaje, para esa aventura, para esa experiencia que siempre quisieron vivir. Si hay algo que realmente quieres hacer, empieza hoy.

Después de los 50, cada año se siente más rápido. Es un fenómeno psicológico real; a medida que envejeces, el tiempo subjetivo se acelera porque cada año representa una fracción más pequeña de tu vida total. Cuando tienes 10 años, un año es el 10% de tu vida; cuando tienes 60 es menos del 2%. Por eso los años parecen volar y por eso es crucial que no desperdicies el tiempo que te queda esperando el momento perfecto

Recordé casos de santos que pasaron su juventud perdidos y llegaron a la madurez como santos, San Agustin que vivió una juventud perdida y que, gracias a los consejos de un viejo obispo, San Ambrosio, y las oraciones de su madre, Santa Mónica, llego a la santidad. O el caso de San Pablo, en su juventud perseguidor de cristianos y en su madurez santo y pilar de la iglesia. En la vida empresarial basta recordar a Ray Kroc que inicio Mc Donalds a las 52 años, el Coronel Sanders que inicia KFC a los 62 o John Pemberton que creo la Coca Cola a los 54

Así podemos ver hoy a quienes se han alejado de los principios o aún aquellos que cuestionan o persiguen a quien busca vivir los valores y que seguramente llegarán a la madurez, y se darán cuenta que se estaban equivocandos, y corregirán el camino.

Esa platica me recordó la importancia de tener buenos guías, diría en términos religiosos, tener buenos pastores, ser buenos guías en nuestras comunidades.

Esa persona con quien platique, a sus 70 se ve físicamente entero, emocionalmente claro, espiritualmente firme, pero sobre todo convencido de su rol en la sociedad. Y dije “Si es cierto”.

A los de más de 50 nos queda mucha energía, muchos sueños, y hay muchas necesidades en nuestra comunidad. Tenemos la obligación de hacerlo, pues nuestros talentos no nos fueron dados para enterrarlos sino más bien para dar frutos y frutos en abundancia.

Nos vemos en la próxima entrega.

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