Expresión es…
“Quiero ser niño para no ir a la guerra…”
Caruli (cuando tenía 6 años)
Desde muy pequeño y gracias a mis padres heredé el gusto por la lectura y la escritura, me gustaba decir las efemérides en los honores, ser maestro de ceremonias, declamar poesías en los festivales o leerle a mi abuela y sus hermanas de orden laical franciscana en el templo del Convento de Irapuato.
Yo cursaba los primeros años de primaria cuando se vivieron guerras civiles en el Salvador y Guatemala, así como la Revolución Sandinista en Nicaragua. Yo no entendía el porqué de ellas y el horror que provocaban.
Cursaba ya la secundaria cuando otro acontecimiento sacudía mi crecimiento la Guerra del Golfo Pérsico cuando Irak invade Kuwait, la televisión mostraba como si fuera video juego, los ataques aéreos que entre quienes combatían y la gran movilización, es decir, el mayor despliegue de tropas y recursos desde la guerra de Vietnam.
En 1994, comenzaba yo a alistarme para el Servicio Militar Nacional, algo que en aquellos años era obligatorio para todo hombre y que incluso era documento de identificación necesario para diversos trámites. Debo reconocer que fue un gran año formativo para mí, disciplina, honor, lealtad, marcialidad, prácticas, castigos, ejercicio, nuevas amistades y reconocimiento, que incluso despertaron mi curiosidad de estudiar en un plantel militar. Por cierto, en México se vivía el levantamiento del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) quien llevó a cabo un levantamiento armado en Chiapas.
Si bien la guerra es un enfrentamiento violento entre bandos armados con diversos objetivos sean políticos, territoriales, invasivos o ideológicos, representa sin duda una de las formas más devastadoras de la humanidad.
El siglo XXI ha sido testigo de numerosos conflictos armados, incluyendo la Guerra de Irak, la Guerra de Afganistán, la Guerra Civil Siria, y la reciente invasión de Rusia a Ucrania. Estos conflictos armados entre dos o más grupos humanos emplean tácticas, estrategias y tecnología con el fin de imponerse mediante el uso de la fuerza sobre el adversario.
En su mensaje de Pascua en 2024 el Papa Francisco mencionó: «No permitamos que las hostilidades en curso continúen teniendo graves repercusiones en la exhausta población civil, y especialmente en los niños. Cuánto sufrimiento vemos en sus ojos. Se olvidaron de sonreír… No cedamos a la lógica de las armas y el rearme. La paz nunca se construye con las armas, sino extendiendo las manos y abriendo los corazones»
Hace menos de diez días surge un nuevo conflicto la guerra entre Israel e Irán quienes mutuamente han tenido ataques cruzados, destruyéndose entre ellos objetivos militares y con los avances tecnológicos lamentablemente observamos como el cielo se pinta de luces, drones, explosiones dejando en claro una gran interrogante que pasará en los próximos días, donde incluso alguna otra nación pueda sumarse en apoyo a alguno o de otro.
Todos los conflictos armados y las guerras cambian y destrozan la vida de millones de personas, que, si bien hay derechos humanitarios o leyes de guerra, nada ni nadie garantiza que los grupos civiles sufran daños durante las guerras: las mujeres, los soldados en combate, las personas de edad avanzada, las personas con discapacidad y las niñas y niños.
No perdamos de vista que habrá niños que no podrán nacer, o morirán de hambre y quizá queden sin la protección de sus familias y serán vulnerables de abusos y violencia.
Toda guerra traerá sus consecuencias: pobreza, violencia, hambre, psicosis social, desintegración familiar…
Hace unas horas el Papa León XIV dijo: “Desde los lugares donde se eleva un grito de dolor a causa de la guerra, en Ucrania, Israel, Gaza, Irán”, dado que en las guerras modernas se emplean armas llamadas científicas, se trata de una barbarie superior a cualquier otra. Por lo tanto, en nombre de la dignidad humana, repito a los responsables lo que solía decir el Papa Francisco: ‘La guerra es siempre una derrota’”.
Invito a mis tres lectores a juntos orar y pedir a Dios que es amor que nos permita vivir como hermanos, y juntos y desde nuestro metro cuadrado ser artesanos de la paz y construir caminos de escucha y dialogo y así heredar un mundo más humano, donde la esperanza nos una y nuestro estado de vida sea en armonía.
L.E. Carlos Ulises Centeno López

