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«Cuando la victimización se convierte en estrategia», la columna de Fer Martínez Arriaga

Cuando la victimización se convierte en estrategia — y la verdadera víctima sigue sin voz.

Por Fer Martínez Arriaga

Claudia Sheinbaum, Presidente de México, denunció un episodio de acoso callejero. Un hombre la tocó, intentó besarla y fue detenido. Ella hizo lo correcto: denunciar, cualquier mujer merece caminar segura. Hasta ahí, todo en orden.

El problema surge cuando el hecho se transforma en bandera política. Cuando el poder toma un episodio personal y lo convierte en la nota de la semana: la “víctima poderosa” que se coloca en el centro del escenario y desplaza a quienes realmente sufren las consecuencias de la violencia completamete desquiciada, maligna y deshumanizada que vive este país, causada precisamente por esas «víctimas poderosas».

Porque, mientras los reflectores se enfocan en la historia de Sheimbaum, en Michoacán una mujer vive una tragedia real: Grecia Quiroz, la esposa de Carlos Manzo, alcalde asesinado de Uruapan. Grecia no está capitalizando su dolor. Está sobreviviendo. Está pidiendo justicia. Está recibiendo amenazas de muerte y, aun así, tomó el cargo que su esposo dejó vacío porque lo mataron por atreverse a denunciar al crimen y al poder que lo tolera.

Mientras Sheinbaum narra su acoso ante cámaras y obtiene titulares «solidarios», Grecia Quiroz no tiene Estado Mayor, ni comunicados oficiales, ni un aparato mediático que la proteja, ella tiene miedo, tiene amenazas y tiene un esposo muerto.

Esto, es lo que indigna: el poder robándose la indignación que le pertenece al pueblo. La maquinaria narrativa de Morena ha perfeccionado el arte de justificar la violencia.

Cuando un opositor cae asesinado, se dice que “sabía en lo que se metía”, “tenía enemigos”, “fue un ajuste de cuentas”, se deshumaniza la víctima, se le quita el nombre, se le reduce a nota roja.

Pero si la agresión toca a una figura oficial, entonces la violencia se convierte en plataforma política, en “lección social”, se controla la historia que se cuenta en la semana y se da foco exclusivo a esa misma historia controlada.

Es el mismo fenómeno que la psicología del mal ha descrito durante décadas: la deshumanización del otro, la justificación moral del agresor, la obediencia ciega al poder.

No se trata de negar el dolor de una mujer poderosa, sino de denunciar el uso de ese dolor como herramienta para distraer, ocultar y sustituir a las verdaderas víctimas del país.

Grecia Quiroz es la verdadera víctima olvidada, a Grecia Quiroz no le tiembla la voz, pero sí el cuerpo. Le arrebataron al hombre con quien compartía su vida, y ahora debe enfrentar al mismo sistema que permitió su asesinato. No está en campaña, no busca cámaras. Solo exige justicia.

Ella, Grecia, no Sheinbaum, encarna el verdadero rostro de la violencia mexicana: el rostro que el poder no protege, el que incomoda.

Por eso digo que hoy la indignación está siendo robada. Nos quieren convencer de que la violencia tiene dueños, de que unas víctimas valen más que otras.

Pienso en lo que decía Charlie Kirk en Estados Unidos, cuando denunciaba la manipulación emocional de los discursos progresistas: «el poder se vuelve víctima, y la víctima real desaparece». Lo mismo pasa aquí… Carlos Manzo fue asesinado. Javier Vargas, Bernardo Bravo, y tantos más también. Cada uno de ellos fue convertido en una estadística mientras el gobierno presume “avances en seguridad”.

Y mientras tanto, quienes aplauden el relato oficial justifican la violencia porque “eran adversarios”.

Cuando el poder se apropia de la narrativa del dolor, lo hace para consolidar su control, no para sanar al país.

NO permitamos que la indignación se apague, porque la indignación es lo último que nos queda cuando la justicia no llega. NO permitamos que nos la roben bajo discursos calculados. NO aceptemos que nos digan quién puede ser víctima y quién no.

Hoy, Grecia Quiroz representa la dignidad y el valor de una nación herida. No tiene cámaras, pero tiene verdad. No tiene partido, pero tiene razón.

Y el mensaje es claro: El poder no tiene derecho a victimizarse mientras hay sangre que no ha sido vengada con justicia.

“Contra el Leviatán: el rugido de la libertad frente al monstruo del poder.”

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