En México se habla mucho de seguridad, pero casi nunca del policía.
Los discursos oficiales repiten palabras huecas: estrategia, coordinación, inteligencia. Pero mientras la retórica se infla, la realidad es brutal: el Estado mexicano ha abandonado a quienes lo defienden.
Y cuando un Estado abandona a su policía, empieza a abandonar también a sus ciudadanos.
Entre 2018 y 2024 más de 2,300 policías fueron asesinados en México. Eso significa algo difícil de aceptar: un policía ejecutado cada día.
No son bajas de guerra. No son daños colaterales. Son asesinatos dirigidos.
Esto tiene nombre: policidio.
El policidio es el asesinato deliberado de policías por el simple hecho de ser policías. Y en México ocurre con una frecuencia que debería escandalizar a cualquier sociedad que todavía aspire a llamarse Estado de derecho.
Pero aquí apenas provoca silencio.
Los cazan
Hay un dato todavía más escalofriante: El 40% de los policías asesinados en México mueren cuando están en descanso. No están patrullando. No están en operativos. No están enfrentando criminales. Están viviendo su vida.
Y dentro de ese mismo grupo, alrededor del 7% son asesinados justo al entrar o salir de su turno. Los están esperando. Los están cazando.
Los matan en la puerta de su casa, en el trayecto al trabajo, en la calle. Los matan por ser policías. Eso no es violencia generalizada. Eso es persecución directa contra la autoridad del Estado.
La mentira de contar policías
Durante años se ha repetido una cifra como si fuera una receta mágica para resolver la seguridad: 1.8 policías por cada mil habitantes. Pero esa cifra nunca explicó la realidad.
El analista de seguridad Alejandro Hope fue uno de los primeros en señalar que ese indicador es profundamente engañoso. Es un dato que la ONU saco de un reporte en África en el 2013, que no tenia nada que ver con un estudio real. De aquí empezó la propaganda, de la ONU.
Nunca se ha hecho un estudio real en México ya que se necesita estar actualizando ese estudio dependiendo de que tipo de crimen hay que priorizar y cuantos policias se necesitan para atender reportes, ademas de si se requiere apoyo de Guardia Nacional o solo policias locales.
Contar policías como si fueran tornillos en una fábrica no mide la verdadera capacidad de seguridad de un país. ¿Por qué?
Porque en México:
- Muchos policías están en tareas administrativas.
- Otros no patrullan calles
- Muchos trabajan con turnos agotadores que reducen la presencia real, ninguno tiene el equipo ni entrenamiento adecuado.
En otras palabras: no todos los policías cuentan como policías operativos.
Hope insistía en algo mucho más incómodo: El problema de México no es solo cuántos policías tiene, sino qué tan capaces son las instituciones que los sostienen, esas instituciones ¿los protegen?, ¿realmente los equipan?, ¿realmente los entrenan?.
Una policía mal equipada, mal pagada y mal entrenada no se vuelve eficaz simplemente aumentando la nómina. El problema es estructural.
La proxémica policial: la ciencia que México desprecia
Y aquí aparece un concepto que revela otra dimensión del abandono institucional. El especialista en seguridad Daniel Tagle ha desarrollado una idea que debería ser central en cualquier reforma policial seria: la proxémica policial.
La proxémica policial estudia las condiciones reales en las que trabaja un policía para diseñar el equipamiento adecuado, el transporte adecuado, municiones adecuadas.
Esto implica analizar:
- el clima donde opera el agente la región y su geografía
- el material del equipamiento
- el tamaño y complexión del policía
- el tipo de amenazas según cada estado o municipio
No se trata de repartir chalecos o patrullas al azar, se trata de entender científicamente el entorno del policía. Este enfoque ha sido impulsado desde el proyecto Azul Cobalto, que documenta las condiciones reales en las que trabajan los agentes en México.
Porque un policía mal equipado no solo es menos eficaz. Es un policía al que el Estado decidió abandonar.
Las familias que quedan solas
La tragedia tampoco termina cuando asesinan al policía. En muchos casos, las familias quedan completamente desprotegidas.
Pensiones inciertas. Apoyos que tardan años. Viudas e hijos enfrentando solos las consecuencias económicas del asesinato.
El uniforme se honra en discursos oficiales, pero la protección a quienes quedan atrás rara vez está garantizada de forma real. El Estado envía a sus policías a enfrentar la violencia… y cuando caen, muchas veces abandona también a sus familias.
Los niños que murieron por el uniforme
La violencia ha llegado incluso más lejos. Durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, al menos 11 niños fueron asesinados junto a sus familiares policías en ataques dirigidos contra agentes.
Niños. Niños que murieron porque su padre o su madre portaba un uniforme.
Eso no es daño colateral. Es una advertencia brutal del crimen organizado: no solo atacan al policía. Atacan todo lo que representa.
La mujer policía: la más vulnerable de todos
Si el policía mexicano ya es vulnerable, hay alguien todavía más expuesto: la mujer policía.
En México, una mujer policía enfrenta dos amenazas simultáneas.
La primera: vive en un país donde la violencia contra las mujeres es una tragedia cotidiana.
La segunda: porta un uniforme que la convierte en objetivo del crimen organizado.
Por eso ocurre algo estremecedor: la mujer policía probablemente sea el mexicano más vulnerable de todos. Porque cuando la asesinan, muchas veces lo hacen por dos motivos al mismo tiempo: por ser mujer… por ser policía
El país que olvidó por qué lucha
En Estados Unidos existe una frase que cualquier ciudadano reconoce cuando ve a un militar o a un policía: “Thank you for your service.”
No es propaganda. Es cultura cívica. Allá existe una idea clara: la libertad tiene guardianes. Y esa idea une a la sociedad.
En México surge una pregunta incómoda.
¿Qué nos une? ¿Para qué lucha el policía mexicano? ¿Para defender qué idea de país?
Porque vocación de servir a México sí existe.
Existen policías que siguen patrullando aunque saben que los pueden matar. Existen familias enteras que han servido al país. Padres policías. Hijos policías. Esposos y esposas policías… Muchos han muerto juntos.
Enseñar a valorar a quienes nos defienden México necesita algo más que reformas administrativas.
Necesita reconstruir la idea misma de servicio público y de autoridad legítima. Necesita enseñar a las nuevas generaciones que el uniforme no es un enemigo. Es una responsabilidad. Es una vocación.
Y muchas veces es un sacrificio silencioso.
Mientras el Estado mexicano siga tratando a sus policías como piezas reemplazables, el Leviatán seguirá siendo lo que hoy es: un gigante burocrático incapaz de proteger a quienes lo sostienen.
Cuando un país no protege a sus policías tampoco puede proteger a sus ciudadanos.
Y cuando eso ocurre, la pregunta deja de ser cuántos policías necesitamos.
La pregunta se vuelve mucho más inquietante:
¿Cuánto tiempo puede sobrevivir un país que ya dejó solos a quienes lo defienden?

