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18 de agosto de 1973… una fecha que Irapuato nunca debe olvidar…

José Juan Ramírez

Irapuato, Gto. (Opinión Bajío).- Ya son 52 años… toda una vida, desde aquel trágico 18 de agosto de 1973. La conjunción de elementos naturales con la negligencia, dieron como resultado un suceso que cambió para siempre la historia de Irapuato.

De acuerdo a los registros, en ese año de 1973 las lluvias fueron muy fuertes. Toda una cadena de presas y embalses ubicadas entre Silao, Romita e Irapuato -La Gavia, La Llave, La Sandía-se fueron llenando y al no aguantar la presión de millones de toneladas de metros cúbicos de agua, reventaron una a una… todo ese inmenso caudal fue a dar a la presa del Conejo,. que desde entonces quedó estigmatizada.

Ésta presa no tenía la capacidad de soportar dichos niveles de agua… y para colmo, siguió lloviendo…

El 18 de agosto de 1973, la Presa del Conejo no aguantó más. Al reventar, marcó el destino de Irapuato.

Iniciaron los avisos por las estaciones de radio existentes por aquel entonces… pero muchos no creyeron lo que venía… o lo minimizaron… grave error.

El agua se vino por lo que ahora es el boulevard Arandas. Las vías del ferrocarril que están ahora en Paseo Irapuato (por la Coca Cola y el puente Visión 21) contuvieron al monstruo unas horas, pero al final cedieron. Las lenguas de agua se abalanzaron sobre una ciudad que en su mayor parte, era de adobe… y que tendría que cambiar por la fuerza.

Por avenida Guerrero, el agua alcanzó niveles muy altos y una velocidad alucinante. Los barrios mas antiguos, como La Salud, San Miguel, San Cayetano, les golpeó con fuerza bruta. Arrastró personas, animales, muebles, autos… no respetó vidas, haciendas, nada…

Como pudieron, los irapuatenses se subían a lugares altos. Las azoteas se convirtieron en lugar de vida, pero fueron un espanto en aquellas casas que eran de adobe… el material no aguantó y sólo se escuchaba el estruendo de cuando caían las casas… y los gritos de quienes estaban arriba.

La noche de este 18 de agosto de 1973, sábado, fue una pesadilla… y otra vez empezó a llover…

A nivel nacional, se minimizó la tragedia de Irapuato. Pero luego se entendió la magnitud… el 21 de agosto, llegó el presidente de la República Luis Echeverría. Lo llevaban por Guerrero, en zonas donde si bien había daños, no se mostraba la realidad, porque la mayoría de las construcciones de esa zona eran de cemento. Hasta que en la esquina de Guerrero y Terán, se atravesó un personaje valiente, que le hizo ver el engaño y lo llevó a las zonas mas afectadas. Ese personaje era quien luego fue director de Protección Civil, Roberto Dominguez Herrera.

Sigue la polémica de cuantos muertos hubo, ya que si los hubo, pese a que persiste la incredulidad de algunos.

Ese 18 de agosto de 1973, cambió para siempre a Irapuato… a 52 años, la ciudad y sus habitantes han salido adelante, pero siempre existe el riesgo de que bajen la guardia, de que olviden la lección de ese trágico día… porque el que olvida su historia, está condenado a repetirla…

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