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18 de agosto de 1973… un Irapuato antes… otro Irapuato después

José Juan Ramírez

Irapuato, Gto. (Opinión Bajío).- Hay fechas que cambian para siempre la historia de una ciudad y sus habitantes. En cuestión de horas, o incluso de minutos, las vidas cambian para no ser igual nunca más… o en otros casos, la vida ya no existe.

Éste es el caso del sábado 18 de agosto de 1973, cuando una inundación de gran magnitud por los torrentes de agua que no pudo soportar la Presa del Conejo, hizo que de pronto, en cuestión de horas, hubiera un antes y un después en la ciudad.

Sin embargo, no era la primera gran inundación que sufría Irapuato. De acuerdo con los registros, hubo otra también catástrofica a mediados del año 1805, que llevó a tomar acciones como desviar artificialmente el entonces Río Silao por lo que ahora es el boulevard Díaz Ordaz hasta llegar al puente de Guadalupe.

En 1973 no sólo fue el miedo de perder la vida. También la desesperanza de perder todo lo que habías conseguido en la vida. Se perdieron casas, negocios desde una tapiceria, una carnicería, , talleres mecánicos, tus muebles… todo.

El historiador del Museo “Salvador Almaraz”, Martín Martínez Hidalgo, relata que en ese entonces, vivía con sus padres en la colonia Miguel Hidalgo. Parte de su casa era de adobe y la otra era de ladrillo, cemento y varilla. Sólo ésta última sobrevivió a la inundación. Lo de adobe se derrumbó en cuestión de horas.

“Hubo partes o barrios de nuestra ciudad que sufrieron también graves desastres. Lo de adobe se cayó. Irapuato pasó de ser una ciudad de adobe a una ciudad construida con ladrillo, cemento y varilla. El desastre fue un generador, un motor para que los irapuatenses volviéramos a retomar fuerza, a enfatizar en el esfuerzo, a planear como salir después de esa tragedia. Poco a poco nuestra ciudad se fue aliviando de esa grave herida y surgió entonces, como medida preventiva, la construcción de la Presa La Purísima, que regula las avenidas de agua”.

Martínez Hidalgo reconoce que Irapuato era uno antes del sábado 18 de agosto de 1973 y ha sido otro después de esa fecha. Y reitera la importancia de mantener viva la memoria de ésta inundación, porque no estamos exentos de que una situación de ese tipo pudiera repetirse, al ser una zona propensa a ello.

“El crecimiento de Irapuato se paralizó unos 10 o 15 años, pero en los años 90 tuvo un desarrollo urbano importante, una modernización al grado que muchas comunidades ahora son colonias. Irapuato pasó de ser una ciudad de adone a ser una ciudad de ladrillos”.

Ahora, el tiempo cobra la factura y muchos de quienes vivieron la tragedia de 1973 han comenzado a partir de este plano terrenal. Y eso representa un gran compromiso: concientizar a las nuevas generaciones de éste suceso, para que no sea solo un relato, una historia o una leyenda, sino un hecho histórico que cambió para siempre la historia de Irapuato, que arrebató vidas, acabó esperanzas y dejó su marca para siempre… y que puede repetirse…

Nunca olvidar lo que pasó aquel sábado 18 de agosto de 1973…

A LA MEMORIA DE AQUELLOS QUE NO SOBREVIVIERON… Y DE AQUELLOS QUE NO LOS OLVIDAN…

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