No es victoria. Es propaganda.
Nos quieren vender el 22 de febrero como el día en que “se acabó una era”.
Objetivo neutralizado. Golpe histórico. Ocaso definitivo. Perdón, pero no.
Matar o capturar a un líder no es lo mismo que ganar la guerra. Es una jugada fuerte, sí. Pero no es jaque mate. Y cualquiera que haya visto lo que pasa después sabe que lo que viene no es paz… es pelea por el trono.
Cuando cae un jefe único, no desaparece la estructura. Se divide. Se fragmenta. Se multiplica. Y lo que antes estaba concentrado bajo un mando, ahora se reparte entre varios que necesitan demostrar fuerza.
Eso significa más violencia, no menos. El ejemplo perfecto es Sinaloa. Lo que se viene es mucho más de lo que cualquier gobierno mexicano ha vivido.
El teatro de la “percepción”
Y mientras tanto, los gobiernos estatales salen en conferencia a decir que “todo está bajo control”, que el codigo rojo está pero que todo esta controlado. Que no hay focos rojos. Que la percepción es peor que la realidad.
La palabra favorita: percepción. Siempre es culpa de la percepción. Nunca de la falta de estrategia.
Se preocupan más por cómo se ve la inseguridad que por resolverla. Como si cambiar el discurso cambiara los hechos. Como si maquillar cifras apagara balas.
No gobiernan la realidad.
Gobiernan la narrativa.
Cada quien por su lado. El problema de fondo es más grave: no hay coordinación real.
La Federación dice una cosa. Los gobernadores dicen otra. Los alcaldes improvisan la suya. Un municipio minimiza. El estado pide calma. La Presidenta usa palabras tan técnicas que nadie entiende qué quiso decir.
Eso no es estrategia. Eso es desorden.
Sin comunicación clara y efectiva entre la Federación, estados y municipios, lo que tenemos no es un frente común. Es un archipiélago de discursos.
Los gobiernos y gobernantes estan tan altos en sus balcones y tan desconectados de lo que pasa en la vida real del ciudadano de a pie que es exageradamente evidente esta falta de comunicación.
Los mismos ciudadanos nos organizamos entre nosotros; entre vecinos, escuelas, negocios, familias e Iglesias para sobrevivir ante el terror que han consentido los mismos que nos dijeron que nos iban a proteger.
Y el crimen organizado sí tiene algo que el Estado no está mostrando: mando claro y organizado. Cooperación que incomoda al Estado.
Encima, entra apoyo extranjero bajo el argumento de cooperación. La pregunta no es si son capaces. Seguramente lo son. La pregunta es ¿Por qué nosotros no lo somos?.
Cuando necesitas ayuda externa para resolver lo que pasa dentro de tu territorio, algo estructural está fallando. Y no se arregla con comunicados optimistas.
La soberanía no se presume. Se ejerce.
Tres caminos… y el menos probable es el bueno
Los escenarios son claros:
- Fragmentación violenta — el más probable.
- Que otro grupo absorba todo y haya una falsa calma.
- O que el Estado realmente reconstruya instituciones y territorio.
¿Y cuál es el menos probable? El tercero.
Porque reconstruir exige disciplina, coordinación, autoridad y claridad moral. Y hoy lo que vemos es dispersión.
El riesgo real
El riesgo no es solo que haya guerra entre células. El riesgo es que los gobiernos sigan obsesionados con la imagen mientras el control territorial se diluye. Que el ciudadano termine acostumbrándose a convoyes, retenes, operativos permanentes… como si fuera lo normal.
Eso no es normalidad. Es resignación.
El fin de un hombre no es el fin de la amenaza. Puede ser el inicio de una etapa más caótica si no hay mando, visión y coordinación real.
Y mientras cada alcalde quiera salvar su conferencia, cada gobernador su encuesta y la Federación su relato… la estrategia seguirá siendo una palabra bonita sin contenido.
No necesitamos más comunicados. Necesitamos gobierno.
Navy Seal en México
Y por si todo esto fuera poco, mientras los gobernadores y alcaldes están más preocupados por cómo se ve la inseguridad que por cómo se combate de verdad, entran los Navy Seal estadounidenses al país.
Sí, leíste bien: los marinos de élite de EE. UU., equipados y entrenados para guerras reales, caminando en territorio mexicano oficialmente bajo el pretexto de “cooperación”. No me mal interpreten, demos gracias de que estan aqui.
Pero si de pronto vemos a fuerzas foráneas donde debería estar la seguridad propia y nadie pregunta por qué, nadie explica qué se está haciendo y todos lo toman como si fuera normal, es evidente que todo está pasando.
El dato no es menor: cuando un Estado ya no puede encargarse de su propia seguridad y llama a fuerzas extranjeras a hacer el trabajo duro, eso no es cooperación. Eso es incapacidad disfrazada de estrategia. Ojo no hablo de las Fuerzas de Seguridad Mexicanas, hablo de la extraordinaria incapacidad de los políticos y gobernantes.
Por eso ahí está la trampa: celebran operaciones, capturas y neutralizaciones, pero jamás hablan de plan a largo plazo, de coordinación verdadera, de inteligencia integrada entre Federación, estados y municipios, por que ¡No Hay!
Mientras unos maquillan cifras, otros improvisan discursos y la presidenta repite términos técnicos que nadie entiende… al final, son los marinos de otro país quienes pisan firme en el terreno que el Estado mexicano ha abandonado a la narrativa y al espectáculo. Y son las Fuerzas Armadas quienes sangran por la brutal imbecilidad de quienes toman las desiciones políticas.
Eso no es victoria. Eso es déficit de autoridad. Eso es dependencia. Eso es perder soberanía… y lo peor es que mucha gente ni siquiera lo nota.
Porque la guerra no se gana con comunicados bonitos — se gana con estrategia, inteligencia, coordinación y control territorial real. Se gana confiando en nuestras Fuerzas armadas y en nuestras fuerzas de Seguridad Pública, esos a los que han degradado, les han quitado su lugar y han humillado desde 2012.
Y hoy, hoy siguen dando la batalla y seguirán siendo los grandes héroes de México.


