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«El INE sin alma… la democracia en vilo», el análisis de Alcántara Soria

Días lúgubres, tenebrosos, de muerte. El INE, institución garante de recoger y contar votos de los mexicanos, perdió cabeza, y certidumbres. La metástasis de células dañinas inició con tómbola de López Obrador para elegir consejeros. El legislativo alteró su diseño y secó su alma.

El Instituto Federal Electoral (IFE) fue creado en 1989-90 por acuerdos políticos del PAN, de Luis H. Álvarez, y del presidente Salinas, del PRI. Al tiempo logró fortaleza y plena legitimación por sucesivos acuerdos de todos los partidos. Modelo reconocido y adoptado en otros países. La democracia mexicana hoy está en vilo, suspendida de credibilidad política.

Activos propicios fueron Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier y Rosario Ibarra, encauzando coraje ciudadano tras la caída del sistema en la elección del 6 de julio de 1988, la que organizó Manuel Barthlet, secretario de Gobernación. Los partidos pro-Cárdenas alegaron ganaron. El PRI infló cifras para darse votos de más. Al calificar diputados la elección, me correspondió presentar en tribuna, el 9 de septiembre, el voto particular de diputados del PAN: sin manera de resolver quién ganó, reiterar exigencia de anular elección por suma de irregularidades, convocar a nuevos comicios, y asumir un compromiso de todas las fuerzas por una reforma para el sufragio efectivo y la legitimidad democrático-electoral.

Lo que logramos Don Luis y diputados del PAN está reseñado por nosotros en el libro “Voto en libertad” (M.A. Porrúa, 2009). En su contraportada se lee texto de José Woldemberg: “… contiene una muy documentada información sobre los aportes fundamentales que el PAN hizo en la creación del nuevo marco normativo e institucional en materia electoral. No se trató de una reforma más, sino de aquella en la que se colocaron los cimientos para que las elecciones en México pudiesen ser confiables”.

Woldenberg, en otro libro suyo, “La voz de los otros. Libros para leer el siglo” (Cal y Arena, 2015), subraya el nuestro (“1989-1990: un momento plástico”, págs. 106-110) y apunta: “desde el Congreso -con la concurrencia del gobierno- se llevó a cabo una operación reformadora que le permitió al país ir a las siguientes elecciones federales, las de 1991, con un nuevo entramado institucional. El IFE y el Tribunal Federal Electoral fueron los frutos más visibles, aunque no los únicos de aquellas innovaciones.

Y en este capítulo transformador jugó un papel relevante el Partido Acción Nacional y en particular su grupo de diputados. Diseñaron, propusieron, negociaron e hicieron realidad un nuevo marco institucional para el desarrollo de las elecciones. En un momento plagado de incertidumbres construyeron una puerta de salida… En medio de la incertidumbre, del malestar y el conflicto circular, el PAN trazó una ruta, y junto con el gobierno apostó por la vía de las reformas…

“Se trataba de un momento plástico y la responsabilidad de los políticos resultaba ineludible. Y ahí radica la más importante lección de aquellos años: la política democrática puede forjar un mejor horizonte para la reproducción de la sociedad, o puede quedar atrapada en el laberinto de las apuestas particulares. En 1989-1990, los acuerdos alcanzados le inyectaron a la convivencia de la diversidad posibilidades frescas. No podía ser la última reforma… Pero en lo que se refiere a la construcción de inéditas instituciones electorales tiene un lugar especial en nuestra serpenteante historia”.

Los diputados pro-Cárdenas hicieron apuesta particular. De exigir declarar ganador a Cárdenas, a reclamar reforma del “todo o nada”. Con Salinas de Gortari, en la secretaría de gobernación, negociaban Jorge Alcocer Villanueva y Porfirio Muñoz Ledo. Con nosotros luego Diego Fernández de Cevallos. Arturo Núñez anotaba. En cámara de diputados lidié más con José Luis Lamadrid, del PRI. O Pablo Gómez, locuaz excomunista; la democracia “burguesa” le valía; sí nacionalismo, estatismo, soberanía, lucha de clases. Diez meses, 89-90.

El PAN acopió sabiduría añosa: “la política es el arte de lo posible, a partir de lo real”. Con gradualidad o incrementalidad, “diseñó y colocó los cimientos para que las elecciones en México fuesen confiables”, Woldenberg dixit. Cárdenas animó pueblo, conjuntó izquierdas, y contuvo violentos; luego distancia y silencios a la 4t.

Hoy México en vilo, sin estabilidad democrática, ni estadista al timón, dividido.

El adiós de Sheinbaum a Cárdenas, de esfinge.

Urge renacer al INE, no perder brújula, no caer a pozo oscuro.

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