InicioContra el Leviatán"La transformación que no tiene ni gasas", la columna de Fer Martínez...

«La transformación que no tiene ni gasas», la columna de Fer Martínez Arriaga

La transformación que no tiene ni gasas

Hay algo profundamente obsceno en un gobierno que presume transformar al país mientras sus médicos salen a las calles a denunciar que no tienen lo indispensable para atender a los enfermos.

No estamos hablando de lujos ni de privilegios. Hablamos de medicamentos, jeringas, gasas, sondas, camas, equipo médico y personal suficiente para salvar vidas. ¿Cómo es posible que, en pleno siglo XXI, un médico tenga que comprar materiales de su propio bolsillo para atender a sus pacientes, mientras el Gobierno federal presume avances y una transformación que no termina de llegar a los hospitales?

Las protestas de trabajadores del IMSS en octubre exhibieron una realidad que el discurso oficial no puede maquillar. El 13 de octubre hubo movilizaciones en 37 ciudades de 25 entidades, incluidas Irapuato, León, Salamanca y Celaya. Los trabajadores denunciaron carencias de insumos, falta de personal y condiciones laborales que distan mucho de la dignidad que merece quien dedica su vida a cuidar la de otros.

Y las cifras son demoledoras. Al 17 de octubre, el propio IMSS había registrado 7 mil 474 requerimientos durante recorridos por 166 de sus 277 hospitales; 3 mil 122 eran considerados de alta prioridad. Entre las necesidades figuraban monitores, camillas, oxímetros, bombas de infusión, jeringas, sondas, camas y personal médico y de enfermería.

¡Qué vergüenza! Una silla de baño para atender a 60 personas, materiales que los propios trabajadores tienen que comprar y hospitales que acumulan necesidades básicas. No son

lujos: son instrumentos indispensables para brindar atención digna.

El Estado falla en su obligación y el trabajador termina pagando la factura.

Pero el cinismo político aparece cuando, frente a semejante realidad, el Gobierno responde con promesas, explicaciones y cuestionamientos sobre las intenciones de quienes protestan. Claudia Sheinbaum ha reconocido las demandas y anunciado medidas para atenderlas. Sin embargo, los anuncios no abastecen farmacias, las conferencias no reparan camas y los discursos no sustituyen medicamentos.

¿Nadie revisaba los inventarios? ¿Nadie recibía los reportes? ¿Nadie sabía que faltaban insumos? Si no lo sabían, existe un problema monumental de supervisión. Si lo sabían y no actuaron, la responsabilidad es todavía mayor.

Y que quede claro: denunciar las carencias no es atacar a los hospitales ni desear que el sistema fracase. Es exigir que funcione. Un enfermo no deja de sufrir porque vote por Morena, por el PAN o por ningún partido. La necesidad de un medicamento no entiende de ideologías, y una familia que no tiene dinero para comprarlo no puede pagar la farmacia con propaganda oficial.

No se puede tapar una jeringa faltante con una etiqueta de derecha. No se puede reparar un hospital acusando de conservador a quien denuncia su abandono.

La salud pública no se sostiene con consignas. Se sostiene con presupuesto bien ejercido, compras transparentes, medicamentos disponibles, instalaciones funcionales, contratación de personal y condiciones laborales dignas. Cada carencia debe tener un responsable, una solución y una fecha de

cumplimiento. Y si existe negligencia o corrupción, debe haber consecuencias.

La salud no es una dádiva de Morena ni un favor del Gobierno. Es un derecho de los mexicanos y una obligación del Estado. Los médicos, las enfermeras y todo el personal sanitario no deberían tener que salir a las calles para exigir lo indispensable. Deberían estar concentrados en atender a sus pacientes, con las herramientas necesarias y la certeza de que su trabajo importa.

Un gobierno puede controlar el discurso, diseñar campañas y presumir cifras. Lo que no puede hacer indefinidamente es convencer a un paciente de que hay medicamentos cuando no los hay, ni a una enfermera de que tiene todo lo necesario cuando debe pagarlo con su sueldo.

¿Cómo es posible presumir una transformación mientras quienes salvan vidas tienen que mendigar los instrumentos para hacerlo?

La realidad entra por la puerta de urgencias, aunque el poder intente cerrarle la puerta a las críticas.

Y mientras los médicos sigan en las calles reclamando lo básico, la pregunta seguirá siendo inevitable: ¿cómo es posible tanto cinismo?

Porque la vida de los mexicanos no puede seguir esperando a que el Gobierno termine de explicarse por qué no ha cumplido.

Temas Relacionadas
spot_img

Lo mas visto