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«Desface estructural y burocracia curricular…», la columna de Gerardo Mosqueda

Desface estructural y burocracia curricular…

Entramos a la fase eliminatoria de dieciseisavos de final del campeonato de fútbol del mundo, hemos disfrutado espectaculares partidos, la entrega total de jugadores que siempre han preparado por años para llegar a estos encuentros y verse entre los mejores del mundo.

La copa del mundo es un gran evento logra convocar a cientos de millones de seres humanos, que durante algunos días se desentienden de sus obligaciones y hacen espacios en su actividad cotidiana, porque están al pendiente de un partido de fútbol.

La realidad es que sólo es un acontecimiento que ocupa intensamente momentos importantes de la vida de los seres humanos, pero no deja de ser un evento que se repetirá cada cuatro años mientras no se encuentre otra fórmula más rentable y sacar más dinero.

Es probable que haya sido planeado así, y que este tema estuviera en la mira de los dueños de los procesos de una copa del mundo; en este caso, solamente pienso que se ha dado una coincidencia entre las negociaciones del tratado de comercio libre de América del Norte y precisamente, los tres países que lo integran y que sean sede de los partidos de la copa del mundo de fútbol.

Para México y Canadá se agotó el calendario que les correspondía y ahora todos los partidos que están por jugarse serán en estadios originalmente de fútbol americano, convertidos a espectaculares estadios de fútbol soccer, espero, estimados lectores que estén disfrutando cada minuto de los encuentros de fútbol.

Dentro de las incontables realidades que impactan a la vida cotidiana de los tres países del T MEC hay algunas que marcan sustantivas diferencias en la relación de los tres países, en realidad el tema, conforme avanzan los días, representará una demanda de información espectacular para la cual debimos habernos preparado durante años, y con la cual debimos haber convivido intensamente; el gobierno de los Estados Unidos tiene la dirección del proceso, porque al menos desde que tomó posesión el actual presidente Trump, quien ha puesto sus condiciones, para algunos podrán ser arbitrarias pero las reacciones por parte de los gobiernos de Canadá y de México han sido diferenciadas, y en algunos casos contrastantes, como si de pronto se ignorara el significado que tiene para el futuro económico de las tres naciones.

Los indicadores económicos y comerciales más importantes que tomar en cuenta para entrar de lleno a la agenda de negociaciones, fundamentalmente tienen que ver con el análisis de la balanza comercial, las reglas de origen industrial, el cumplimiento de salarios y las condiciones laborales de los trabajadores en todas las empresas de las tres naciones, y desde luego la atracción de inversión extranjera directa… son ingredientes que estarán presentes en una mesa formal de negociaciones y que iniciaron sus procesos desde marzo de 2026, en el caso de México, bajo el liderazgo de la Secretaría de Economía, y utilizando datos duros, como el principal poder de negociación frente a Estados Unidos y Canadá.

Con relación el tema del comercio exterior y la balanza bilateral existe un déficit comercial de Estados Unidos; el crecimiento del Superávit comercial de México con Estados Unidos es el principal argumento de presión de la agenda del gobierno americano, junto con la evolución de las exportaciones, es decir, las ventas mexicanas hacia Norteamérica, que captan más del 80% del total nacional y son el motor que sostiene el producto interno bruto frente a la debilidad del consumo interno.

En cuanto a las reglas de origen y la integración industrial, lo que hoy se conoce como el valor de contenido regional, implica un monitoreo estricto del porcentaje de componentes norteamericanos en sectores críticos, como el automotriz, acero y aluminio. Desde luego que esto genera un control de insumos de terceros países.

Por lo tanto, hay una presión de Estados Unidos para fiscalizar la entrada de acero y componentes de origen asiático, particularmente de China a través de México.

El mercado laboral y el cumplimiento regulatorio implica evaluaciones del mecanismo laboral de respuesta rápida y, por tanto, el cumplimiento de contratos colectivos legítimos; es el indicador más vigilado por los sindicatos estadounidenses. Junto con ello México utiliza el récord de empleo formal en la manufactura de exportación, con lo cual demuestra estabilidad operativa en las cadenas de suministros regionales.

Por otro lado, el flujo de inversión extranjera directa es el indicador clave para medir la confianza en el fenómeno de la reubicación; el capital estadounidense sigue liderando la entrada de inversiones en el sector manufacturero y tecnológico y finalmente la volatilidad cambiaría actual está siendo como un termómetro financiero del mercado ante las propuestas arancelarias de Estados Unidos y las disputas energéticas en las mesas de negociaciones. Por tanto, es presumible, que, en la próxima cita de negociaciones del 1 de julio, estos factores puedan convertirse en condiciones insalvables y para proceder a la instalación de la mesa de negociación.

El tema de la actualización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte está generando diferentes perspectivas a través de las cuales se interesan las naciones orientales, especialmente China y desde luego una perspectiva que se deriva de la Unión Europea es decir tanto la Unión Europea como China observan la revisión del T-MEC no sólo como un acuerdo comercial regional, sino como un reordenamiento geopolítico estructural que impacta sus propias estrategias globales.

Con las mesas de negociaciones ya activas y la cercanía de la fecha clave del 1 de julio de 2026, estas potencias económicas estarán viendo desde perspectivas completamente opuestas, una oportunidad de diversificación para Europa, frente a un cerco comercial directo para Pekín.

La Unión Europea observa las tensiones en Norteamérica con un enfoque de oportunidad, con lo cual está buscando acelerar sus propios lazos alternativos, algunos analistas europeos reflejan en sus espacios que la presión del gobierno de Estados Unidos obliga a México a reactivar con urgencia la modernización del acuerdo global México-Unión Europea. Corporativos europeos en los sectores automotriz, aeroespacial y farmacéutico, ya están monitoreando de cerca las reglas de origen, buscan asegurar que sus plantas operativas en suelo mexicano no pierdan competitividad si Estados Unidos endurece los requisitos regionales.

Ante el proteccionismo de Washington, la Comisión europea, estará impulsando una agenda para expandir mercados en América Latina, usando a México como un eje logístico confiable, y desde luego con reglas más claras, en contraste con todo esto; la perspectiva de China o también conocida como el muro silencioso o la puerta trasera; la evolución del T- MEC se percibe como una herramienta de contención económica diseñada explícitamente por Washington para frenar su influencia manufacturera, por lo tanto, de acuerdo con analista económicos, China sabe que la principal exigencia de Estados Unidos a México es cerrar la puerta trasera al acero, aluminio y autopartes chinas, por lo tanto, ven el tratado como un muro silencioso que frena sus cadenas de suministros globales.

Las inversiones de gigantes automotrices chinos que buscan instalarse en México están bajo la observación del contexto del tratado comercial y al mismo tiempo China observa con cautela como México ha tenido que ceder, incrementando aranceles a productos asiáticos para apaciguar a Washington.

China, por tanto, reconoce que el libre comercio puro en Norteamérica está mutando
hacia un modelo de seguridad económica, sus empresas evalúan si el efecto de la relocalización en México compensa los riesgos de que Estados Unidos, coloque sus mercancías por cuestiones del origen del capital.

Entre las metas del plan México está elevar un 15% el contenido de componentes nacionales en sectores estratégicos, por ejemplo, semiconductores, baterías o paneles solares, pero también en sustituir importaciones terminadas por un valor aproximado de 37,000 millones de pesos; si se producen estos componentes localmente, México podría desactivar el argumento del gobierno americano en el sentido de estar triangulando, manufacturas asiáticas.

El plan México redefine la posición del país: pasando de ser un ensamblador de mano de obra económica a ser un socio de coproducción de alto valor, al impulsar cadenas de valor nacionales en tecnología y electromovilidad y por lo tanto, procede el argumento de no ser un competidor, sino un aliado indispensable para mantener un bloque norteamericano fuerte, frente a las propuestas económicas de Asia.

De cumplir con sus objetivos el plan México podría ayudar a la certeza jurídica y operativa de las empresas multinacionales coordinados bajo el esquema de este plan que tendrían que ver con una inversión histórica de 4600 millones de dólares de MercadoLibre para 2026, lo cual quiere decir que la relocalización de empresas sigue blindada, pese a las polémicas arancelarias.

No obstante, hay análisis de organizaciones como por ejemplo “México como vamos” que advierte sobre las necesidades de inversión en energías limpias, quiere decir que proyectos avanzados en el marco del T-MEC como por ejemplo plantas de microchips están en riesgo de no prosperar si el plan México no integra explícitamente el desarrollo de infraestructura y la capacidad de generación eléctrica limpia para cumplir con las exigencias ambientales del T-MEC.

El resumen, el papel del plan México será de naturaleza clara para la inversión y desarrollo industrial y comercial propios con el gran propósito de sustituir componentes asiáticos por piezas hechas en México y lograr quitarle argumentos proteccionistas de Estados Unidos reteniendo inversión extranjera.

Realmente creo que cumplan con México o sin él. Nuestro país está ante una obligación estructural ineludible, porque la realidad global, la geografía y el propio tratado comercial no dejan otra opción al país, estamos obligados a transitar hacia una soberanía no por un plan gubernamental en turno, sino por la más elemental supervivencia económica. Es una obligación que responde a realidades de mercado muy claras:

1. El mercado exige energía limpia. Las grandes multinacionales como las automotrices
instaladas en el corredor industrial del Bajío operan bajo metas globales de emisiones cero
para 2030 o 2035. Si México no les provee energía limpia y barata las plantas detendrán su
expansión o se mudarán a países que sí les ofrezcan como cumplir esas metas.

2. Estados Unidos y la Unión Europea avanzan en la aplicación de aranceles basados en la
huella de carbono de los productos importados. Seguir con energías sucias puede dejar fuera de mercado a las mercancías mexicanas. Solamente por el Costo arancelario.

3. La maquila está en un proceso de agotamiento, porque el modelo de sólo ensamblar partes importadas con mano de obra barata dejó de ser viable hace muchos años, especialmente frente al automatización, es decir, el valor agregado es la única forma de retener la riqueza.

4. Para que la relocalización sea un beneficio real para la población y no sólo un dato
macroeconómico se requiere desarrollar ingeniería, diseño y componentes avanzados hechos aquí, no hay manera de generar ese valor agregado y México seguirá importando casi todo el valor que exporta.

5. El bloque de Norteamérica se está cerrando y para mantener el acceso preferencial al
mercado de Estados Unidos nuestro país tiene la obligación de cortar la dependencia de
insumos críticos de China, especialmente en sectores como el automotriz, el acero, el
aluminio y la electrónica, no hacerlo así pone en riesgo la subsistencia del tratado comercial.

6. El plan México es simplemente el nombre técnico que se le da hoy a una agenda de estado urgente, porque el verdadero reto va mucho más allá de un sexenio, requiere inversiones masivas en infraestructura eléctrica y un cambio radical en la educación tecnológica, también un sistema de financiamiento agresivo para que las pequeñas y medianas empresas mexicanas puedan convertirse en nuevos proveedores de alta tecnología.

Ya no hace falta explicar más la urgencia de la intervención de capitales privados en la generación de energía y desde luego en la innovación tecnológica, la urgencias es real, pero hoy está convertido en un cuello de botella crítico para el desarrollo del país y estamos ante un dilema donde la velocidad de la transición energética global avanza más rápido que la capacidad financiera y de infraestructura del Estado, por lo que la participación de capital privado ya no es una opción ideológica, sino una necesidad técnica y financiera.

El Estado mexicano está ante fuertes presiones presupuestales y un déficit público que limita en su capacidad para fondear por sí, solo la enorme infraestructura, de generación y transmisión que requiere el país para cumplir las metas de descarbonización y abastecer la demanda de relocalización se necesitan inversiones anuales multimillonarias que sólo se pueden cubrir sumando los balances de las empresas globales y los fondos de inversiones privadas.

Las industrias necesitan soluciones de energía limpia ahora y permitir que las empresas instalen sus propios parques solares o sistemas de almacenamiento en baterías aligerar la carga de la red eléctrica nacional, por otro lado, el sector privado está adoptando o buscando cómo implementar innovaciones tecnológicas, como el hidrógeno verde o la captura de carbono o la eficiencia energética automatizada; todo esto con mayor rapidez que los tiempos de licitación de las empresas productivas del Estado.

Si las industrias no demuestran procesos limpios, quedarán fuera de las cadenas de valor de América del Norte y de Europa, por lo que es indispensable la colaboración entre universidades, centros de investigación privados y el gobierno, como única forma de generar patentes y valor agregado en México, pasando por todos los matices de manufactura; es decir, el verdadero reto actual es decidir bajo qué reglas el capital privado debe participar en estas inversiones.

La triste realidad es que existe un debate entre la visión técnica y la lógica política tradicional en nuestro país. Por desgracia existe una profunda desconexión entre la urgencia de las transformaciones industriales globales y las prioridades de corto plazo de la clase política mexicana, la cual, desgraciadamente sólo sabe enfocarse en ciclos electorales de tres o de seis años.

Es por eso por lo que los analistas financieros y las agencias calificadoras observan esta
problemática, a través de tres dimensiones:

1. Gasto corriente contra inversión. El problema central no es la deuda en sí misma, sino su
destino: financiar programas sociales y subsidios directos activa el consumo inmediato, pero no genera capacidad productiva futura ni mucho menos infraestructura.

2. El incremento del déficit público limita el margen de maniobra del gobierno para coinvertir con el sector privado, en proyectos de gran escala tecnológica.

3. Mientras que las mesas de negociación exigen hablar de semiconductores, trazas de carbono y descarbonización de procesos, el discurso político tiende a centrarse en la retórica de la soberanía del Estado, pero del siglo pasado o más grave aún, en el asistencialismo.

4. El mercado es un juez implacable. Los políticos pueden ignorar las advertencias técnicas,
pero no pueden ignorar la pérdida de inversiones. Si la falta de energías limpias frena la
llegada de capitales o si Estados Unidos imponer aranceles por incumplimiento ambiental,  la recaudación fiscal disminuirá y afectará directamente la viabilidad financiera de los propios programas gubernamentales.

En los círculos económicos existe la expectativa de que la realidad de las mesas de revisión del T- MEC y la presión de los mercados financieros obliguen a la clase política, a modelar el gasto y abrir canales reales a la inversión privada, en energía e innovación, por una estricta necesidad de mantener a flote las finanzas públicas; ante este panorama, donde la política camina por un lado y la realidad económica camina por otro lado, los organismos y corporativos empresariales y las mismas universidades necesitan plantearse como elevar la competitividad, región por región, porque hoy parece que tanto en las organizaciones empresariales como las propias universidades están fuera de
foco ante el gran reto del tratado comercial.

Ambos organizaciones e instituciones universitarias operan con un desfase estructural frente a la velocidad de la revolución tecnológica y las exigencias de la revisión del T-MEC, mantenimiento planes de estudio que forman profesionales para manufacturas del ciclo pasado, no para las economías del conocimiento actual.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.
J. Gerardo Mosqueda M.

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